Frentismo

Tino Novoa EN LA FRONTERA

ESPAÑA

07 feb 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

La clave del bloqueo político es que ni las fuerzas de derecha ni las de izquierdas pueden gobernar por su cuenta. Así que para evitar elecciones no queda otra que un Ejecutivo transversal. El problema es que en los últimos tiempos han ido desapareciendo todos los puentes que unían las dos orillas políticas. Hemos vuelto al frentismo, que es lo mismo que decir a los peores momentos de la historia de España. Esos en los que medio país se apropia de la razón y niega el pan y la sal a la otra parte. Es lo que explica que en lugar de un proceso de negociaciones estemos asistiendo a una sucesión de vetos.

La multiplicación de opciones políticas no ha favorecido el diálogo. Al contrario, lo está entorpeciendo. Porque la fragmentación es consecuencia de la ruptura de lazos de cohesión social que se habían ido tejiendo a lo largo de la transición. La crisis económica puso la mecha y el PP la prendió. Con su mayoría absoluta, se apropió de las instituciones y sus políticas excluyentes -duras las económicas, peor aún las de justicia y seguridad, básicamente represivas- han sido la principal causa de división social. Enfrente, grupos radicales, en condiciones normales minoritarios, han crecido políticamente alimentando el malestar social a base de populismo. El auge de Podemos ha intoxicado a un PSOE desnortado que, incapaz de encontrar una respuesta propia a la crisis, se ha dejado arrastrar por la polarización política y se ha desviado de su centralidad característica. Esa que ahora parece querer recuperar Sánchez. Bueno sería que así fuera. Porque más importante aún que formar Gobierno es reconstruir puentes y romper con las dinámicas frentistas.