España protesta por los insultos de Maduro a Rajoy

La Voz REDACCIÓN / LA VOZ

ESPAÑA

Luca Piergiovanni | EFE

Moncloa ha convocado al embajador venezolano en Madrid para expresarle sus quejas

23 ene 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

El ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, aunque en funciones, no se libró de un nuevo dolor de cabeza a los que ya le tiene acostumbrado el presidente venezolano. El agresivo vocabulario de Nicolás Maduro, que le han llevado a dedicar con frecuencia variopintos improperios al presidente del Gobierno y a otras instituciones españolas, han provocado que Moncloa convocase al embajador venezolano en Madrid, Mario Isea, para expresarle sus quejas. Fue el director general para Iberoamérica, Pablo Gómez de Olea, quien ayer trasladó a Isea el «rechazo» por las declaraciones de Maduro de esta semana en las que califica la actitud de Mariano Rajoy de «intervencionista, racista y colonialista». Pero también por un viaje de políticos de izquierda radical a Caracas en avión oficial venezolano en el 2014, para participar en un seminario sobre un proceso de paz en el País Vasco y el principio de autodeterminación de los pueblos de España.

A la salida de la reunión, Isea se limitó a señalar que el encuentro, de 35 minutos, había ido «bien». Expresión más esperanzadora que la de «tomo nota» que dijo otras veces en las que las asperezas fueron a más. No sabía que mientras estaba con Gómez de Olea, la vicepresidenta Sáenz de Santamaría valoraba como «injerencia» que el Gobierno venezolano fletase un avión a miembros de la CUP, Podemos y al padre de una etarra para acudir a un seminario sobre el derecho a decidir. Lo cierto es que la legislatura del Gobierno de Mariano Rajoy ha estado plagada de desencuentros con Maduro. En julio del 2015, el embajador bolivariano fue llamado por los «inaceptables insultos [sicario]» que le dirigió a Rajoy». Pero el momento más crítico fue en abril, cuando el Gobierno español llamó a consultas a su embajador en Caracas después de que Maduro acusara a Rajoy de estar «detrás de una conjura internacional para derrocar el gobierno constitucional» que preside. Tras diez días de haberse retirado los respectivos representantes diplomáticos máximos, estos retomaron sus destinos.