Lo que de verdad importa

Tino Novoa EN LA FRONTERA

ESPAÑA

21 ene 2016 . Actualizado a las 19:41 h.

Ha transcurrido ya un mes desde las elecciones, y unos y otros aún juegan a marear la perdiz sobre los pactos. Que en un país acuciado por una crisis económica, institucional y de Estado no hayamos avanzado nada en treinta días dice muy poco en favor de su clase política. Empezando por su presidente, quien pese a sus declaraciones grandilocuentes sobre la necesidad de un Gobierno estable y de amplio espectro no ha dado un solo paso, al menos que se sepa, para conseguir apoyos adicionales a los de su partido. Su soledad es abrumadora, y lo peor es que parece haberse acomodado en ella y en el victimismo de quien parece incapaz de asimilar que mayoría electoral no es sinónimo de mayoría parlamentaria, y que esta hay que trabajársela.

En el barrio de enfrente, todo semeja un teatrillo en el que lo único que parece claro es que Pedro Sánchez quiere ser el protagonista de la función. Hasta ayer, en que Alexandra Fernández, quizás aún obnubilada por la figura del rey, le reventó el guion a Pablo Iglesias al reconocer abiertamente su disposición a apoyar un Gobierno alternativo de los socialistas. La confesión de la representante de Anova demuestra el guirigay que constituye el grupo parlamentario de Podemos. Una jaula de grillos en el que las voces menores ya empiezan a marcarle el paso al líder. Un liderazgo solo reconocido formalmente que le va a obligar a cabalgar constantemente sobre un mar de contradicciones. Y es que, ya se sabe, no es lo mismo predicar que dar trigo.

Unas contradicciones que van a convertirse en una pesada hipoteca para Pedro Sánchez si llega a formar Gobierno. Nada hay que objetar a que lo intente, porque para eso se presenta a las elecciones. Lo peligroso es confundir medios y fines. Lo importante es saber qué se quiere hacer con el poder, que debe ser solo la herramienta, no el objetivo. Y, de eso, el candidato socialista no ha dicho aún ni una palabra. Quizá porque hablar de medidas concretas contra la triple crisis que nos afecta puede complicarle las negociaciones. No solo con Podemos y el resto de los grupos, sino con su propio partido. Pero aunque no le guste, eso es lo que de verdad importa: saber qué quiere hacer, cómo y con quién.