Multiplica los guiños hacia la formación antisistema para ganarse su voto
10 nov 2015 . Actualizado a las 09:05 h.Horas después de que el Parlamento catalán aprobara el inicio del proceso hacia la independencia, el presidente de la Generalitat en funciones y candidato a la reelección, Artur Mas, advirtió a la CUP de que si no le vota en la investidura la resolución puede quedar en papel mojado. En palabras del dirigente convergente, si no hay un gobierno que pueda ejecutar la declaración, el proyecto secesionista quedará «encallado» y «bloqueado» al menos un tiempo. Su postura indica que no medida dar un paso atrás y facilitar otro candidato de Convergència. Que sigue en el «o yo o nuevas elecciones».
En el primer debate de investidura, al que Mas ha llegado sin tener cerrado un acuerdo con la CUP, el único partido con el que podría lograrlo, el líder nacionalista trasladó toda la presión sobre la formación anticapitalista, que se resiste a dar su brazo a torcer. El presidente dijo a la CUP que la «libertad está por encima de las siglas y de las ideologías», que en su rechazo a Mas esgrime razones de tipo ideológico (recortes y privatizaciones), pero también se apoya en los casos de corrupción vinculados a Convergència.
Hasta el 9 de enero
El dirigente de CDC insistió también a los asamblearios que si quieren que la nueva Cámara inicie antes de 30 días los trabajos para elaborar las normas de proceso constituyente, seguridad social y hacienda propia lo que no puede hacer es demorar más la formación del Gobierno. Mas se someterá hoy a una primera votación que tiene perdida, como ocurrirá casi con toda probabilidad con la segunda, el jueves. En caso de no salir investido tendrá hasta el 9 de enero para cerrar el apoyo de la CUP o repetir las elecciones.
El partido de la izquierda radical insistió en que su voto será negativo, aunque todo es posible, porque, por ejemplo, el diputado Antonio Baños aplaudió el discurso del presidente de la Generalitat, pero no así sus compañeros de bancada, lo que denota que en el seno de la izquierda anticapitalista hay diferencias. Tampoco aplaudieron los miembros del Ejecutivo autonómico, ni siquiera el propio Mas, la alocución, por la mañana, en el debate de la declaración soberanista, de la diputada Anna Gabriel.
Las relaciones son tensas y cuanto más se acerque el 9 de enero la presión irá en aumento. «Hay que elegir entre la subordinación y la libertad», insistió a la CUP. «Abandonemos los apriorismos y las condiciones previas. No sobre nadie», recordó a los que piden su cabeza. Gabriel, de la CUP, había dicho que «hay que dejar atrás la Cataluña subordinada, pero también la de la corrupción, los recortes y las privatizaciones» y remarcó que el proceso «no puede depender de nadie». Unos y otros tratan de quitarse la presión de encima.
De momento, Mas optó por el palo y la zanahoria. Trasladó la responsabilidad de dinamitar el proceso a la CUP, pero al tiempo su programa de gobierno fue un intento de diseñar un traje a medida, que sea digerible para los suyos, los convergentes conservadores, pero atractivo para la izquierda radical, que es quien lo tiene en sus manos. Mas propuso una «renta de garantía de ciudadanía», un «plan de choque y de emergencia social», habló de «empoderamiento de la gente», así como de «protección del derecho a la vivienda» o de atención sanitaria en términos de «equidad para los refugiados», demandas todas ellas de la CUP.
El dirigente de Junts pel Sí no se ahorró descalificaciones al Gobierno: «Estado antidemocrático», «prepotente» e «intolerante», que tiene una «seudodemocracia» y el «orgullo imperial herido», y que «quiere destruir y no comprender». «¿Quién quiere vivir en un Estado que persigue criminalmente a los que promueven las urnas?», cuestionó. Fue su modo y manera de justificar que ha iniciado el camino hacia la independencia, para que la CUP no tenga dudas.
Se comprometió a que la legislatura que acaba de empezar dure 18 meses y acabe con la creación de un Estado catalán. «Esta legislatura, dijo, debe servir para transitar desde la autonomía hacia el Estado». La afirmación, traducida en cuatro puntos, quiere decir: culminar el proceso constituyente, poner en marcha las estructuras de país (dijo que hay que crear unos servicios de inteligencia), elaborar una ley de transitoriedad jurídica y buscar apoyos internacionales.