Elecciones catalanas: El baile de los debutantes o el día de los testaferros

Ningún cabeza de lista ha luchado antes por la presidencia de la Generalitat y muchos hacen de delegados de sus líderes reales


Elecciones históricas. Determinantes. Un antes y un después. Convergència se alía con Esquerra, Sarkozy llega a reforzar a los populares, el socialista Miquel Iceta apura los pasos de baile... Parece que se necesita toda la carne en el asador catalán. Sin embargo, para esta batalla, los partidos han situado en la primera línea del frente a candidatos que nunca habían optado a la Generalitat y que, en gran parte de los casos, parecen testaferros de los líderes reales de las formaciones.

Para encabezar la lista independentista de Junts pel Sí, CDC y ERC optaron por un tercero: Raül Romeva, eurodiputado que rompió su carné de Iniciativa porque no cumplía sus ansias soberanistas. Con esta elección no se veía afectada la bicefalia asimétrica Mas-Junqueras y, supuestamente, la candidatura adquiría un perfil más social. Romeva insiste en que el acuerdo no dice que Mas vaya a ser presidente. En el cierre de campaña de los soberanistas, los asistentes solo le gritaron «president» a Mas. En principio parece que solo la CUP podría situar a Romeva al frente del Ejecutivo en el caso de que esta fuerza se convierta en llave para gobernar y exija la cabeza de Mas. Si Mariano Rajoy se metió un autogol en la radio, Romeva lo pasó mal en una entrevista de la BBC y no fue precisamente por su inglés.

En Ciudadanos, Albert Rivera ha renunciado al campeonato catalán para dedicarse a la Champions de las generales. Está por ver si su decisión hace perder fuelle a su formación después de triplicar sus escaños en las elecciones autonómicas del 2012. Entonces sumó nueve diputados. Uno de ellos, Inés Arrimadas. De entre los primeros espadas de estos comicios es la más joven. Como «catalana y andaluza» intenta lograr esos votos de los hijos de la inmigración que en los últimos años se le han escapado al PP e incluso al PSC. Las tertulias televisivas le han servido para entrenarse de cara a este reto. Pero Rivera la ha eclipsado en los mítines.

Después del triunfo de Ada Colau en Barcelona, Pablo Iglesias pescó en los movimientos vecinales y el resultado es Lluís Rabell por Sí que es Pot. Pero Colau ya era conocida en toda España antes de formalizar su candidatura política. En Barcelona muchos se preguntan quién es Rabell. De hecho, su elección no fue tan clara. El economista Arcadi Oliveras se presentaba como la primera opción, pero finalmente renunció. Rabell reclama el apoyo de ERC y de la CUP para formar un Gobierno de izquierdas. Asegura que, frente a otros candidatos, él sí ha sufrido la crisis.

Los socialistas catalanes optaron por un político acostumbrado a la fontanería de partido que tampoco había estado en primera línea en una campaña, aunque sí en la trastienda de muchas. Núria Parlon, alcaldesa de Santa Coloma con mayoría absoluta, declinó liderar el PSC en el 2014. Se ofreció entonces Miquel Iceta, que se ha hecho hueco a golpe de cadera. Pero el PSC también ha tirado de viejos rockeros como Felipe González y Josep Borrell.

El PP, que ha acusado a los socialistas de ser tibios con el independentismo catalán, se encomienda a Xavier García Albiol, un político de perfil duro, españolista sin complejos, que desató la polémica presentándose en las municipales con el lema «Limpiando Badalona». Se niega rotundamente a reformar la Constitución para aplacar las exigencias soberanistas.

Al frente de la lista de la CUP no está David Fernández, su activo más conocido, el hombre que en la comisión de cajas le dijo a Rodrigo Rato «hasta pronto, gánster» y estuvo a punto de lanzarle una chancla. El carácter asambleario de la formación anticapitalista y soberanista llevó a la elección de un independiente con callo mediático, el periodista Antonio Baños. Curiosamente, pertenece a Súmate, plataforma de castellanohablantes por la independencia.

En cuanto a Unió, colgó carteles electorales decorados con la senyera que aluden al seny catalán en los que, detrás del candidato Ramón Espadaler, surge en un segundo plano Duran i Lleida, considerado su padre político. Espadaler, que fue conseller, es un hombre de Unió desde 1988, pero dice que no reconoce «a este Artur Mas». Al final siempre asoman los líderes, que ni siquiera están en la sombra.

 «Yo sí que soy candidato»

Los propios políticos se han lanzado puñaladas durante la campaña catalana al no considerar a sus oponentes los líderes reales de sus candidaturas en la carrera por la presidencia de la Generalitat. «Yo sí que soy candidato», llegó a decirle el veterano Lluís Rabell, de Catalunya Sí que es Pot, a Raül Romeva, de Junts pel Sí.

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