Donde CiU y ERC se quedaron a cero

MARILUZ FERREIRO LA VOZ EN BARCELONA

ESPAÑA

En Santa Coloma de Gramanet, la novena ciudad catalana, estos partidos no consigueron ediles en las municipales, en las que el PSC logró la mayoría absoluta «sin el soberanismo como prioridad»

22 sep 2015 . Actualizado a las 10:10 h.

Aquí Convergència y Esquerra perdieron por goleada su última batalla electoral. En Santa Coloma de Gramanet no lograron ni un solo concejal. CiU, que conquistó un 36,5 % de las papeletas de la comunidad solo arañó el 3,6 % en este municipio. En la fachada del Ayuntamiento lucen la bandera local, la senyera, la de España y la de la UE. Todas sobre la misma pancarta: «Preservemos el patrimonio colectivo: con la educación y la salud no se juega». El PSC gobierna con mayoría absoluta esta población de 120.000 habitantes, la novena de Cataluña, a la que se llega desde la Sagrada Familia en metro. En el cinturón rojo del área metropolitana de Barcelona, esta es la hebilla que aprieta el ombligo de los partidos soberanistas.

Nutrida de trabajadores de las empresas de su entorno, fue una ciudad dormitorio, pero ahora la calle destila ambiente de barrio. Pequeñas tiendas. Bolsas de la compra. «Obrim de dilluns a dissabte» y «cerramos el domingo». Jubilados andaluces cruzándose con niños pakistaníes. Nuevos tiempos, nuevos inmigrantes. En los sesenta y setenta, llegaron del resto de España. Ahora vienen de mucho más lejos. Casi uno de cada cuatro vecinos son de origen extracomunitario. ¿Qué movió a este enclave en las elecciones locales? La prensa catalana publicó que Parlon inventó Podemos antes que Podemos. «Ellos diagnostican muy bien, pero nosotros ya hicimos el diagnóstico y aplicamos terapia de choque», cuenta la alcaldesa. Explica que la renta per cápita familiar de Santa Coloma es de las más bajas de Cataluña, que hay que invertir, redistribuir. En su agenda política el independentismo «no es ni será una prioridad». Acaba de reunirse con trabajadores que reclaman que no se cierre su empresa.

El cura rojo

Por la plaza de la Vila parece pasearse el espíritu del cura rojo, Lluís Hernández, el primer alcalde del municipio tras el franquismo. También socialista. Dicen que a él, todo un carácter, le debe la ciudad su afán reivindicativo, sus movimientos vecinales, su conciencia de clase. En el consistorio hay pancartas contra el proyecto de una línea de alta tensión. A unos pocos metros del edificio se monta un Parlamento paralelo de jubilados. «Nosotros no somos de aquí, somos de Albacete. No hablamos de política», dicen dos al margen del barullo. En el corrillo mandan los granadinos. Pero para opinar sobre las próximas elecciones delegan en Gabriel Almansa. Catalán, 78 años, de Clot. Antiguo tornero. «Todo está podrido por tantas mentiras», dice sin pestañear. Se declara comunista, pero reconoce que votó a Pujol «cuando creía en Pujol». Critica la lista soberanista, pero comparte lo de que «España nos roba». Aunque carga contra la cultura de la subvención también en su comunidad. Y arroja una conclusión amarga: «Creo que en Cataluña no hemos logrado una verdadera integración. Los inmigrantes, del trabajo a casa. Muchas veces sin ocio, sin cultura. Eso no se ha hecho bien». Curiosamente, el germen de la inmersión lingüística está en Santa Coloma. Maestros y padres pidieron en 1982 que se impartieran clases en catalán y que se enseñara también el español.

Los vecinos ven al PSC fuerte en las municipales. Ha sabido reponerse a sus propios escándalos El grupo de jubilados no es precisamente un caladero de votos independentistas. ¿Pero volverán las urnas a castigar a los soberanistas el domingo? Por lo bajo, al margen, hay quien confiesa que su nieto, que apoyó Som Gramanet en las municipales, probablemente apuesta por Junts pel Sí en las autonómicas. Muchos admiten que, también en Santa Coloma, bastantes jóvenes pueden canalizar su descontento eligiendo la lista independentista.

No queda lejos de la plaza Centro Airiños da Nosa Galicia, en la calle Pompeu Fabra. Huella gallega de más de treinta años en Santa Coloma. Xosé Canosa, el presidente, explica que en el centro se respetan y representan las diferentes sensibilidades de sus socios.

«Pagando demasiado»

Como al abuelo andaluz con nieto soberanista, a Ahmed, de Marruecos, tampoco le gusta hablar de política abiertamente. Prefiere hacerlo sin apellido. No quiere la ruptura con España, porque cree que «hay ya mucho lío en el mundo como para meterse en más problemas», pero le parece que los catalanes «están pagando demasiado». No es necesario rascar mucho para que aflore el agravio. Pero después duda: «Aunque no sé. Yo no soy de aquí». Su mujer le espera con los niños. Cerca, delante de la parada del bus, cuelgan cuatro estelades. Unas calles más allá, una senyera.