La gran estafa


Digámoslo clara y rápidamente: Artur Mas está engañando a todos los catalanes y estafando a quienes creen en él. Porque una estafa es prometer algo que no está en su mano ofrecer a cambio de un beneficio propio, en este caso el voto. Y Mas sabe que la secesión de Cataluña es lisa y llanamente imposible. Porque la independencia no es algo que se consiga con la simple voluntad. Que, además, ya es una cuestión polémica, porque de entrada no hay acuerdo sobre cómo se determina la voluntad de un pueblo. Desde luego, el deseo de menos de la mitad de los votantes, por mucho que se pueda traducir en una mayoría absoluta de parlamentarios, jamás de los jamases puede ser interpretada como la voluntad del pueblo en cualquier país que tenga un mínimo de dignidad democrática.

El primer fraude es pretender hacer pasar por mayoritario lo que no es más que el deseo minoritario de un sector de la sociedad. El segundo es que para intentar engordar ese apoyo insuficiente recurra al engaño de exagerar los beneficios y ocultar los perjuicios de la secesión. Y el tercer, y aún más grave, es hacer creer que ese anhelo es factible en la realidad. Para que la proclamación de independencia tenga algún efecto práctico y no se quede en una mera declaración hace falta que ese supuesto nuevo país sea reconocido por la comunidad internacional o la independencia se imponga por la fuerza de las armas. Y no va a ocurrir ni una cosa ni la otra. Artur Mas lo sabe y pese a ello sigue inflamando unas esperanzas que solo pueden acabar en una amarga frustración. La gran estafa de un político que Cataluña no se merece.

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