Pólvora mojada


La intervención inicial de Rajoy en la ejecutiva del PP es como esos cohetes que, en pleno espectáculo pirotécnico, se elevan y elevan... hasta deshacerse sin explotar, en el silencio absoluto, provocando la decepción general. No hay nada más frustrante que levantar unas expectativas enormes para después defraudarlas. Y aunque el presidente se ría, lo cierto es que la perspectiva de un gran cambio fue alimentada por él y su entorno ante las demandas de su propio partido. Así que los barones populares son, a buen seguro, los más desencantados con el discurso de su presidente, en el que no hubo ni una pizca de autocrítica ni el más mínimo espíritu de cambio. La única petición que parece haber atendido es la que le hizo el presidente castellano-leonés. Rajoy se ha mirado al espejo y ha debido de confundir su imagen reflejada con la del partido. Así que lo que ha hecho ha sido reforzar su control del PP. ¡Pobre Cospedal, aislada y rodeada de extraños! El Popular siempre ha sido un partido presidencialista, pero Rajoy acaba de reforzar aún más ese perfil. Extremar el personalismo de una organización es la reacción habitual del líder que se siente acorralado. Pero es también la antesala del fracaso.

Los cambios de personas, aun siendo de escaso calado, son de mayor entidad que los de contenido. Rajoy reiteró una vez más el consabido discurso de las reformas económicas y de regeneración como historias de éxito. Y aunque se mostró más sensible que en otras ocasiones al sufrimiento causado y a la corrupción, lo hizo como si fuera un simple comentarista y él fuera completamente ajeno al daño generado por sus políticas y a los escándalos que salpican su partido, de cuya cúpula forma parte desde hace más de 25 años. Su otra línea de defensa, esconder el fracaso del PP tras los pactos de la izquierda, es no querer ver la realidad. Como estrategia política puede servirle, pero cuestionar la legitimidad de los gobiernos surgidos de los pactos es simplemente antidemocrático. Si los populares son incapaces de lograr más acuerdos, es porque en su prepotencia se han quedado aislado. En su pecado llevan la penitencia, y si no cambian de actitud, que de momento no parece, les va a pasar lo mismo tras las generales.

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