¿La cárcel les sienta bien?

VIVIR EN UNA CELDA NUNCA ES PLATO DE BUEN GUSTO PERO ALGUNOS DE LOS REOS MÁS FAMOSOS NOS HAN SORPRENDIDO CON SUS TRANSFORMACIONES ENTRE REJAS. ¿LOS CAMBIA POR FUERA PERO TAMBIÉN POR DENTRO EL CASTIGO?


Luis Bárcenas fue bueno en prisión. Jugó a las cartas, hizo amigos, entrenó en el gimnasio y, sobre todo, obedeció. Así se lo hizo saber a su antiguo jefe en el Partido Popular con su mensaje envenenado dirigido a Mariano Rajoy: «He hecho caso a su consejo: Luis ha sido fuerte de verdad». Sin perder la compostura, trajeado, repeinado, su salida de Soto del Real fue de todo menos discreta. Todos los medios de comunicación a su alcance y la euforia de quien se siente libre tras un año y siete meses encerrado dieron a Bárcenas las fuerzas para expulsar todo lo que llevaba dentro. Eso sí, no mostró arrepentimiento. «Volvería a actuar igual», dijo. De su famosa peineta antes de la cárcel, Bárcenas pasó a atender a los medios. Tiene que fichar tres días a la semana y los cámaras aún lo persiguen a veces. El mayor hándicap del extesorero no es este, sino tener sus cuentas embargadas. En un más que cuestionado afán de reintegrarse ha solicitado su readmisión en el PP y centra sus esfuerzos en esquivar de nuevo los barrotes. Está acusado de cohecho, delitos contra la Hacienda Pública y falsedad documental.

Estos días otra presa le ha arrebatado el protagonismo. Posiblemente Isabel Pantoja es la reclusa más mediática del país. Sus 191 días entre rejas han sido suficientes para disparar todavía más su popularidad. Goza de un cariz de heroína entre sus acólitos a los que no les importa que esté acusada de blanqueo de capitales. Si hace seis meses entraba taciturna y enfundada en un riguroso negro que se extendía hasta los cristales que tapaban sus ojos, esta semana ha hecho gala de uno de sus lemas: «¡Dientes, dientes!». Vestida con una blusa roja, sin gafas do sol, sonrió, saludó y posó. Como un castillo de naipes se vinieron abajo los rumores sobre su mala vida en Alcalá de Guadaíra. Ni ha adelgazado demasiado ni descuidado su aspecto. A simple vista parece que la prisión no le ha venido tan mal. En su entorno ya ponen precio para su vuelta. Las actuaciones de la Pantoja cotizan a 50.000 euros. Pero, sus cuentas pendientes con la justicia no se limitan a su condena. Tiene que devolver 1.174.000 euros. Ha puesto a la venta dos de sus casas, Mi Gitana y el chalet de la Moraleja. El carisma de los fans no paga las deudas.

El paseíllo hacia la libertad que nos brindó esta semana no fue el definitivo. El permiso de cuatro días ha expirado y la Pantoja ha vuelto a su módulo de respeto en la prisión sevillana. No le va a quedar otra que seguir por televisión los pasos de Ortega Cano que sí se despide de la cárcel de Zuera, en Zaragoza. El torero, condenado a dos años y medio por provocar la muerte de Carlos Parra en un accidente de tráfico en el 2011, ha logrado el tercer grado a los 14 meses de condena. Puede escoger si quiere pasar las noches en el centro Victoria Kent de Madrid o los fines de semana. Su vuelta al mundo real no puede presentarse mejor: ha fichado como comentarista taurino, ha adquirido la gestión de la plaza de toros de Cieza y planea boda con la madre de su hijo pequeño de dos años. No sabemos si la experiencia en la celda lo ha cambiado por dentro, al menos sí por fuera. El torero ha dicho adiós a las canas y a la ropa clásica. Sin embargo, en su Murcia natal este cambio de envoltorio no es suficiente. No gustó que Ortega Cano mintiera en el juicio. Juró «por sus hijos» que solo había mojado los labios con cava. La prueba de alcoholemia demostró que casi triplicaba la tasa permitida. La plaza que llevaba su nombre en la ciudad va a rebautizarse.

Su experiencia como inquilino de Soto del Real, el centro penitenciario va camino de convertirse en una delegación informativa con tantos casos de corrupción, fue un abrir y cerrar de ojos. El juez Elpidio José Silva lo intentó dos veces. La primera, Miguel Blesa solo pasó allí una noche. Al exbanquero no le costó demasiado reunir los dos millones y medio que le pedían de fianza. La segunda estuvo dos semanas. Blesa salió triunfante y exigiendo. Pedía un juez «imparcial». Su paso por el presidio tuvo mucho de simbólico. El expresidente de Caja Madrid era el primer gran banquero que terminaba su carrera encerrado después de Mario Conde. Aunque el expresidente del Banesto estuvo diez años en cautividad, el otrora amigo íntimo de José María Aznar le ganó el pulso al magistrado. Elpidio Silva fue apartado del caso y de la carrera judicial. Investigó a Blesa por el préstamo doloso de 26 millones concedido a Díaz Ferrán, con el que coincidió por cierto en Soto del Real, y por la compra del Florida Bank a cargo de Caja Madrid en plena crisis. Blesa salió airoso de este embate. Se casó por segunda vez y continuó su vida hasta que le saltó en las manos otro escándalo: las tarjetas black. Sus bienes le han sido embargados al no reunir los 16 millones que le pedían de fianza.

Mismo escenario y parecido desfile. A un Francisco Correa «contento» lo fue a recoger al penal madrileño su chófer, junto a su madre el único que ha permanecido fiel al supuesto cabecilla de una de las mayores tramas de corrupción investigadas en España: la Gürtel, como su apellido, cinturón, pero en alemán. Los tres años y cuatro meses que pasó dentro se le hicieron largos al empresario al que su mujer le pidió el divorcio.  No es la única que ya no lo quiere. En la urbanización de lujo en la que vive en Sotogrande, Cádiz, sus vecinos están hartos de las cámaras. Con sus cuentas intervenidas, la vida de un hombre habituado a los lujos como él no ha vuelto a ser la misma, atado a las correas de la justicia, aunque puede ser peor. Hasta ahora solo estuvo en prisión preventiva. Anticorrupción pide una pena de 110 años.

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