El extesorero está convencido de que lo suyo aún tiene arreglo

J. Á. F. REDACCIÓN / LA VOZ

ESPAÑA

24 ene 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Luis Bárcenas, la pesadilla del Partido Popular durante la actual legislatura que enfila su recta final, no se rinde. Los 19 meses vividos en el módulo cuatro del centro penitenciario de Soto del Real, los 42 años y medio de prisión que días pasados ha pedido para él la Fiscalía Anticorrupción y menos los 62,5 que le reclama el abogado del Estado, han conseguido doblegarle. Parece más bien que aprovechó su retiro en Soto para diseñar una estrategia de defensa que, según algún jurista que la ha estudiado, pasaría forzar una negociación sobre su futuro porque está convencido que hay margen para un «arreglo».

Justo una semana antes de recobrar la libertad e incluso antes de que la Sala de lo Penal le fijase una módica fianza de 200.000 euros, concedía una entrevista telefónica desde la cárcel en la que denunciaba el «atropello» de que estaba siendo objeto por el juez instructor por rechazar cinco peticiones suyas de libertad provisional mientras otros -citaba en concreto a su ex compañero de partido Rodrigo Rato- estaban en la calle con delitos no menos graves que los suyos.

Renuncia no consumada

Tres días después de la publicación de su entrevista Gómez de Liaño anunciaba que renunciaba a su defensa, alegando «pérdida de confianza», pero no a la de Rosalía Iglesias -su esposa- de cuya defensa se ocupa María Dolores Márquez de Prado -la esposa de Gómez de Liaño- y este a su vez sigue, mientras no nombre sustituto. Hay quien ve en la esa renuncia anunciada y no consumada , al menos hasta el momento, otro mensaje a Génova 13: «he perdido el control sobre él».

El pasado jueves pisó de nuevo la calle. No salió a tiempo para el telediario de la noche, pero aprovechó los micrófonos que sí le esperaban para devolverle el mensaje a sus excompañeros de partido: «He sido fuerte. El PP no tiene nada que temer». Ayer, tras su primera comparecencia en el juzgado reiteraba que «Rajoy conocía que existía la caja b desde el principio».

Que su estrategia funcione o no, está por ver, de lo que casi nadie duda es que el ex tesorero no va a estar callado.