Ni tótem ni tabú

ESPAÑA

06 dic 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

No hay obra humana eterna ni perfecta. Incluso la mejor de las leyes es siempre insuficiente, bien porque es vulnerada bien porque el paso del tiempo la vuelve inadecuada. Y cuando falla, conviene saber bien la razón para no equivocarse en su corrección. Ante la grave crisis que nos aqueja, puede haber una tentación de querer cambiar la Constitución como si fuera el origen de todos los males y con ello bastara para solucionar todos los problemas. Pero el actual deterioro político e institucional es más fruto de la ruptura del consenso constitucional y de los valores que lo inspiraron que de un fracaso de la Constitución. Porque con este mismo texto se podrían hacer las cosas de manera muy distinta. No han fallado las normas, han fallado los políticos. Y si no cambian estos, de poco serviría reformar lo otro, aunque lo cierto es que convendría cambiar ambos. Lo prioritario es recuperar y renovar el quebrado pacto constitucional, esto es, el acuerdo sobre principios, valores y horizontes compartidos. Sobre esa base, se podrá identificar qué aspectos son mejorables. En unos sería fácil, como la discriminación en la sucesión de la Corona. Otros -por ejemplo, actualizar el Estado de las autonomías, convertir el Senado en cámara territorial, blindar las instituciones de injerencias externas y airear la política- requerirían un debate profundo. Pero solo el recuperar el diálogo ya sería un éxito. La Constitución no es el tótem que todo lo resuelve, pero tampoco su reforma puede ser un tabú.

La Constitución cumple 36 años