El momento adecuado para adoptar medidas

Varios expertos niegan que estemos condenados a la corrupción y exponen posibles reformas para combatirla


REDACCIÓN / La VOZ

¿De dónde procede esta epidemia de corrupción? ¿Qué se puede hacer para combatirla de una manera efectiva? No son preguntas fáciles, pero algunos expertos se atreven a contestarlas. Responden Manuel Villoria, catedrático y miembro de la oenegé Transparencia Internacional; Fernando Jiménez, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Murcia; Ángel Judel, magistrado de la Audiencia Provincial de A Coruña y Carlos Martínez Buján, catedrático de Derecho Penal.

¿Es la corrupción una cuestión cultural, inherente a nuestra forma de ser?

«No», responde tajante Manuel Villoria: «Admitir esa versión sería tanto como creer que estamos condenados a la corrupción». La mayoría coincide en que la cuestión cultural no es relevante. «No es un problema de valores -señala Fernando Jiménez-, sino de expectativas con respecto a las instituciones». En ese sentido, Villoria pone un ejemplo claro: «Antes se corría por las autopistas a 140 o más. Desde que se puso en marcha el carné por puntos y se sanciona más, la gente corre menos».

Los encuestados opinan que el nivel de tolerancia a la corrupción en nuestro país está vinculado a una cierta tendencia a creer que las leyes no se cumplen. Judel apunta sin embargo a algunos indicios que dimensionan hasta qué punto la corrupción está integrada en la sociedad, como el hecho de que muchas facultades universitarias tengan inhibidores de frecuencias para evitar que los alumnos copien a través de sofisticados equipos de comunicación: «Lo que en muchos países se llama corrupción, aquí lo llamamos picaresca». Carlos Martínez Buján, admite que en otros países son más escrupulosos con lo público, aunque opina que más que la cultura influye en la proliferación de los escándalos de corrupción las oportunidades que tiene el corrupto de desarrollarlos.

¿Qué medidas habría que tomar para paliar el problema?

La batería que proponen los expertos es diversa y, en muchos casos, coincidente: desde una reforma amplia sobre la financiación de los partidos políticos, donde consideran que se encuentra la raíz de muchos de los casos de corrupción, hasta la protección del funcionariado y el incremento de las penas, sustancialmente las relacionadas con la inhabilitación absoluta para los condenados por corrupción. Entre las propuestas aparecen también el incremento de medios para investigar la corrupción y, de forma muy encarecida, la descolonización política de los órganos de control.

Villoria es partidario de acometer estas medidas a través de un plan estratégico global y un gran pacto nacional: «Entiendo que es muy difícil, porque hoy nadie quiere sentarse con el PP, pero es preciso que ese pacto incorpore a toda la sociedad civil». Ángel Judel apuesta por una reforma de la Constitución: «Y de los órganos regulatorios y de control. No puede ser que aquí se designe lo que en otros países se elige». Martínez Buján apunta también a una reforma del Código Penal «Muy deficiente contra los delitos económicos, porque es cierto que está más pensado para los robagallinas que para los grandes delincuentes». Por su parte, el profesor Fernando Jiménez apunta también hacia la protección del denunciante: «Ahora mismo no existe ningún incentivo para denunciar a los corruptos. Nunca se ha hecho y lo que ocurre es que muchas veces se les lamina».

¿Por qué no han funcionado las medidas adoptadas hasta ahora contra la corrupción?

«Por que muchas, la mayoría, se diseñan para que no funcionen», responde Jiménez, quien subraya que las reformas que se llevan a cabo nunca tocan los nervios de los sistemas que favorecen la corrupción. Manuel Villoria utiliza el símil de la pesca: «Han sido como redecillas que se tiran al mar, pero que no pescan; lo que hay que hacer es crear una gran red para coger a todos los peces o que se escapen los menos posibles». Martínez Buján coincide también en lo ineficaz de las medidas adoptadas hasta ahora: «Hay una tendencia muy acusada de reformar a golpe de telediario, de no ir al meollo del problema, de transmitir el mensaje de que se está haciendo algo aunque en realidad no sea así. Es lo que se conoce como populismo punitivo». El catedrático apuesta por la mejora en los controles.

¿Estamos acostumbrados a la corrupción o el momento de hartazgo obliga a un cambio real?

«Estos momentos coinciden siempre con situaciones de crisis -reflexiona Ángel Judel-. Hace ocho años, con el paro por debajo del 8 %, el IVA al 16 % y una retención fiscal del 18 %, este era el país de la abundancia. Ahora, con el paro en el 25 %, el IVA al 21 % y la retención por encima del 25 % parece que todo es corrupción». El catedrático Martínez Buján opina que las reformas, en el caso de que se adopten: «llegarán con retraso. Pero, como se suele decir, nunca es tarde si la dicha es buena». Por su parte, Fernando Jiménez considera que la avalancha de casos supone una oportunidad: «Nos encontramos en una posición en la que se pueden introducir esos cambios porque, a lo largo del tiempo la sociedad parecía acostumbrada a esta situación de corrupción, pero yo creo que eso ha cambiado. Es algo que no se va a arreglar cambiando las élites políticas, porque en Italia ocurrió algo parecido y el que subió al poder fue Berlusconi». Villoria cita también a Il Cavaliere para reclamar sentido común a la sociedad: «El momento actual es el idóneo para cambiar con seriedad y evitar que el sistema se nos desbarate todavía más con un Berlusconi que venga para echarle más gasolina al fuego».

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