Artur Mas suspende la consulta en Cataluña, ¿y ahora, qué?

Dos certezas y una gran duda para un análisis rápido sobre lo que acaba de anunciar Artur Mas

EFE

LAS CERTEZAS:

Mas se ha arrugado.

Mas tenía dos posibilidades realistas y una tercera ocurrencia que hasta hace dos o tres días había sido descartada por todas las partes. Podía haberse encastillado, haberse saltado al Constitucional, que considera deslegitimado, y haber mantenido la consulta. Pero no se ha atrevido, porque no es independentista. Junqueras sí lo habría hecho. O mejor dicho, lo hará tan pronto tenga ocasión.

Su plan B era arrastrar a ERC a unas elecciones autonómicas plebiscitarias en las que habría diluido su fracaso y relanzado su incierta carrera política. Pero ERC no va a arruinar el capital electoral acumulado en los últimos años, y más desde la explosión del caso Pujol, con un presidente que, hoy por fin se ha demostrado, se arruga en el momento decisivo. Y porque nadie puede garantizar que esa lista unitaria no acabaría en un gran batacazo a la escocesa, más cuando desde hace medio año Podemos (y Guanyem en Cataluña) están convirtiendo en papel mojado cualquier análisis electoral. Resumen: Mas se ha arrugado, y no ha podido llevar a cabo ni su plan A, porque no le ha dejado el Constitucional, ni el B, porque no le ha dejado Junqueras.

El plan C es ridículo.

Ha tenido que recurrir a ese ridículo plan C, que desde hace semanas viene siendo denominado por varios columnistas, e incluso políticos del frente soberanista, como la «costellada» que nadie quería. Es decir, una gran churrascada en la que solo participarán los independentistas y que ya se ha hecho en otras ocasiones. En parte, Mas ha sido sincero, ha admitido que el consenso con ERC y el resto de socios está «agrietado». Pero su defensa del remedo de referéndum es un nuevo acto de la obra de teatro que viene representando desde hace meses. Solo hace falta escuchar los editoriales de esta mañana de los grandes popes radiofónicos del nacionalismo para palpar la sensación de un nuevo ridículo. Como lleva ocurriendo desde el Compromis de Casp, en 1412, la Cataluña independiente no ha sido capaz de aguantar la unidad ni media hora.

LA DUDA:

La pelota está en el tejado de Rajoy / Soraya.

¿Qué hará ahora el Gobierno español? La caverna madrileña pondrá toda la carne en el asador, porque la pelota está en el tejado de Rajoy. O de Soraya y el equipo de abogados del Estado que gobierna el país. Lo que ha planteado Mas huele a fraude de ley por todas las partes. Él mismo ha dicho que se trata de no hacer lo que no te dejan hacer, para no darse con la cabeza contra las rocas, pero sí de hacer lo mismo para que tenga los mismos efectos. Y, utilizando estructuras sintácticas que firmaría el mismísimo Rajoy, se ha referido a la churrascada del 9-N como una «consulta anticipada previa a la definitiva». Pero en este caso debería imponerse la doctrina marianista de no hacer nada, dejar que se celebre la fiesta y la gente coma el churrasco, y esperar a que ERC acabe de despedazar a Mas. El PP hará eso si su principal objetivo es enfriar el tema catalán, y otra cosa distinta, probablemente un disparate, si quiere aprovechar la coyuntura como una gigantesca cortina que tape el resto de escándalos que indignan al país.

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