Tierra quemada

Tino Novoa EN LA FRONTERA

ESPAÑA

Si malo es alentar un conflicto que se sabe evitable, aún es peor cuando se es consciente de que nadie puede ganarlo, porque lo único cierto es que al final, acabe como acabe, solo quedará la tierra quemada. La primera encuesta sobre los términos de la consulta prevista para el 9 de noviembre muestra una sociedad catalana fragmentada en dos mitades. Y con ser este un hecho ya suficientemente malo de por sí, lo peor es que la creciente polarización hace que vayan desapareciendo los puentes entre uno y otro sector, de forma que las respectivas posturas se conviertan en dogmas y las posiciones, en trincheras. Los independentistas se parapetan tras ese 47 % de la población que apoyaría sus tesis. Pero se olvidan del otro 53 % que no está en esas posiciones. Una mayoría que sirve de dique a quienes están en el bando contrario. ¡Como si la convivencia fuera una cuestión de cifras! ¡Como si así fuera posible construir algo! La encuesta confirma algo que ya se sabía, que la mayoría prefiere algún tipo de fórmula de integración, aunque varíen las vías. Y también que el intento de imponer un modelo determinado alimenta a los de enfrente. El PP debería preguntarse por qué han crecido en los últimos años los independentistas de aluvión. Y los soberanistas deberían darse cuenta de que su insistencia en forzar la máquina no les va a llevar más lejos. Solo servirá para quemar el motor y arrasarlo todo.