Agencias

Adolfo Suárez, primer presidente del Gobierno de la democracia, ha sido enterrado hoy junto a su esposa, Amparo Illana, en la catedral de Ávila. El cuerpo del expresidente ha recibido sepultura en el claustro de la catedral de El Salvador, a escasos diez metros de donde está sepultado quien fuera presidente del Gobierno en el exilio durante la II República, Claudio Sánchez Albornoz.

Una vez finalizado el funeral que ha sido oficiado por el obispo de Ávila, Jesús García Burillo, el féretro de Suárez ha sido trasladado al claustro, donde sólo han acudido los familiares del expresidente para el entierro. Con esta ceremonia, concluyen tres días en los que la familia de Suárez ha velado sus restos en la clínica donde falleció y la capilla ardiente instalada en el Congreso de los Diputados, a la espera del funeral de Estado que tendrá lugar el 31 de marzo.

La lápida de la tumba en la que desde hoy reposan los restos mortales del expresidente del Gobierno Adolfo Suárez junto a los de su esposa, Amparo Illana, tiene inscritos los nombres de ambos y una frase alusiva al periodo de la historia de España que vivió al frente del Ejecutivo: «La concordia fue posible». «Excmos. señores duques de Suárez», lleva inscrito la lápida, en la que, a continuación, pueden leerse los nombres de Adolfo Suárez y Amparo Illana con las fechas respectivas de su nacimiento y de su muerte. Tras ellas se ha inscrito la frase «La concordia fue posible».

Durante la homilía, el obispo de Ávila, Jesús García Burillo, ha destacado el «prodigioso trabajo» de Adolfo Suárez en la Transición, que inauguró un estilo de convivencia política trabajando sin cesar por el entendimiento entre los españoles, y ha instado a seguir su camino. «Su política consiguió que las dos Españas pudieran encontrarse tras décadas de animadversión política y de odio», ha dicho García Burillo quien ha recordado la fe que profesaba Suárez, «un católico en la vida pública». García Burillo ha hecho hincapié en el «gran objetivo de reconciliación y de paz promovido por el presidente Suárez» a quien España debe «una acción de gracias inmensa».«Él trazó un camino que bien merecería ser continuado», ha manifestado.

Ha asegurado que Suárez «inauguró un estilo de convivencia política, respetando las posiciones adversarias, buscando tenazmente el pacto y el consenso, valorando las posiciones de adversarios políticos, sin rencor ni revancha». «Con espíritu democrático trabajó sin cesar por el entendimiento entre los españoles», ha continuado el obispo quien también ha subrayado que, en los momentos más difíciles de su carrera, «se mantuvo erguido con valor y serenidad» y que, «finalmente convencido de que no tenía apoyo», «dejó el poder sin vacilar, sin amargura, convencido de que era lo mejor para España».

La búsqueda del bien común para los españoles, ha dicho el obispo de Ávila, era «caridad política» y ha remarcado que «la gran aportación de Suárez a la sociedad española y a la comunidad internacional ha sido la reconciliación del pueblo español».

Después de las honras militares recibidas en Madrid, la despedida de Adolfo Suárez continuaron en Ávila. Los restos mortales de Suárez entraron en el templo a hombros de agentes de la Policía Local, con los acordes del himno nacional y mientras doblaban las campanas de la catedral. En el interior, el féretro fue recibido por el obispo de Ávila, Jesús García Burillo, junto con el cabildo catedralicio y, tras una monición, el prelado ha dirigido una breve oración.

A continuación, la comitiva cruzó la nave central de la catedral hasta el altar mayor, a cuyos pies se depositó el féretro en un catafalco. Junto a él se depositaron el Collar del Toisón de Oro y el de la Real Orden de Carlos III. A la derecha del féretro se situó la familia de Suárez, mientras que las autoridades estaban a la izquierda. Junto a monseñor García Burillo, el funeral fue concelebrado por el obispo de Segovia, Ángel Rubio; el arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, que es oriundo de esta ciudad, y el cardenal Antonio Cañizares, que también fue obispo de Ávila y era amigo y confesor de Suárez.

Despedido con honores militares

Madrid dio este mediodía su último adiós al expresidente del Gobierno Adolfo Suárez en la céntrica Plaza de Cibeles, en un acto con honores militares y en presencia de miles de ciudadanos que se han acercado hasta allí para rendirle homenaje. A su llegada a la plaza desde el Congreso, donde se ha velado su cuerpo durante 24 horas, el armón de artillería con el féretro ha quedado acompañado, a un lado, por la familia de Suárez y a otro por las principales autoridades presentes.

La compañía que escolta el cortejo, del Ejército de Tierra, ha dado el toque de oración y la descarga de fusilería en honor al expresidente, que ha terminado con los aplausos del público.

Después, la misma compañía, al son de música militar, ha desfilado por última vez ante el féretro de Adolfo Suárez. Tras la salida de las tropas, el ataúd con los restos mortales del primer presidente de la democracia ha sido llevado hasta un coche fúnebre que lo trasladará a Ávila, en cuya catedral será enterrado hoy junto a su mujer, Amparo Illana. A su partida, el coche fúnebre y el cortejo con la familia en otros vehículos han sido despedidos por el aplauso de los ciudadanos y también de las autoridades presentes.

Entre dichas autoridades, han estado en esta última despedida el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, los presidentes del Congreso, Jesús Posada, y del Senado, Pío García Escudero, la mayor parte de los ministros del Ejecutivo y numerosos presidentes autonómicos.

Escoltado por motoristas de la agrupación de tráfico de la Guardia Civil y cuatro vehículos en los que viaja la familia, el coche fúnebre con los restos de Adolfo Suárez recorre las calles de Madrid rumbo a la capital abulense entre los aplausos de numerosos viandantes que se paran a su paso.

Más de 30.000 personas

Los miles de ciudadanos que se concentraron a lo largo del recorrido que realiza el cortejo fúnebre de Adolfo Suárez han roto en aplausos al paso del féretro en su camino hacia la plaza de Cibeles. «Bravo» o «Viva Suárez» son algunos de los gritos que se pueden escuchar entre la multitud que se ha agolpado en la carrera de San Jerónimo para dar su ultimo adiós a primer presidente de la democracia, antes de que sus restos mortales sean trasladados a Ávila. Miles de ciudadanos se han acercado a los aledaños del Congreso para ver el paso de la comitiva fúnebre, en la que el féretro de Suárez es escoltado por el Regimiento Inmemorial del Rey, al que siguen la familia y las principales autoridades.

Hubo numerosas personas asomadas a los balcones de los edificios de la carrera de San Jerónimo, incluido el del Hotel Palace, para poder presenciar la despedida a Suárez. «El mejor presidente de España», «Gracias presidente» han proclamado algunos de los ciudadanos al paso de féretro, al tiempo que rompen en aplausos y trasladan también su apoyo y agradecimiento a la familia. También se han escuchado reproches a los políticos actuales, algunos de los cuales acompañan la comitiva, con frases como «Aprended de Suárez», «Suárez, ejemplo» o «Suárez más honrado que vosotros».

La capilla ardiente de Adolfo Suárez quedó cerrada a las 10.00 horas, tras veinticuatro horas de muestras de respeto, admiración, gratitud y cariño por parte de las más altas instituciones, los partidos políticos y miles de ciudadanos, que pasaron por el Congreso a rendir homenaje al expresidente. >.

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Adolfo Suárez ya descansa en paz