Flores en la tumba de la mujer de su vida

La Voz

ESPAÑA

23 mar 2014 . Actualizado a las 21:34 h.

Durante años y con cierta asiduidad, que llegó a ser una vez al mes, Suárez acudía al convento de Mosén Rubí, en Ávila, para depositar flores en la tumba donde reposan los restos de su mujer. Tras colocarlas, se arrodillaba para orar durante una hora, según el testimonio de las monjas dominicas. También solía dejar dinero para que no faltaran nunca flores en la sepultura de su querida Amparo.

Madrileña, de una familia de holgada posición económica, hija de un coronel jurídico, elegante, bien educada, culta, dominaba el inglés y el francés, Amparo Illana Elortegui conoció al apuesto, osado y atractivo Adolfo en Ávila. Su futuro suegro miraba con recelo la relación, ya que Suárez no era entonces lo que se llamaba un buen partido, pero se casaron en 1961.

La persona más decisiva

Amparo le ayudó en su carrera política y siempre estuvo a su lado. El hecho de que fuera muy religiosa la hizo relacionarse con las esposas de los primeros protectores del futuro presidente, Joaquina, de Herrero Tejedor; Carmen, de Carrero Blanco; y Ramona, de Camilo Alonso Vega.

Según Fernando Ónega, Amparo fue la persona más decisiva de su vida, sin ninguna duda, la que le acompañó en los momentos más duros, la que permaneció a su lado cuando parecía que todo se derrumbaba, la que tuvo que soportar la soledad porque su marido estaba trabajando, la que encajó las críticas a veces deleznables que se prodigaban al presidente, la que asumió la formación de sus hijos y supo mantenerse en un papel discreto como primera dama.