Su hijo asegura que la muerte del expresidente, aquejado de alzhéimer, es «inminente»
22 mar 2014 . Actualizado a las 12:32 h.La vida de Adolfo Suárez, de 81 años, se apaga. Según aseguró ayer su hijo, su estado es terminal y el fin puede llegar en cualquier momento, aunque al cierre de esta edición se mantenía con vida. El presidente del Gobierno que hizo posible la transición de la dictadura a la democracia; el hombre valiente que dignificó su cargo al hacer frente al golpista Antonio Tejero el 23-F; el político que pasó de ser el más ferozmente odiado cuando estaba en el poder a convertirse en un icono intocable tras su retirada, vive sus últimas horas, acompañado de sus hijos, hermanos y nietos, en una habitación de la clínica Cemtro de Madrid. Será el dramático colofón a once años de enfermedad, un tipo de alzhéimer que le sumió en el olvido total y debido al cual no reconocía desde hace años a sus familiares más cercanos. Ni siquiera era consciente de haber sido presidente del Gobierno y de ocupar un lugar de honor en la historia de España.
Adolfo Suárez había sido ingresado el pasado lunes en el centro hospitalario debido a una infección respiratoria, considerada «habitual» en el transcurso del proceso de su enfermedad y nada hacía presagiar un desenlace fatal inminente. Los médicos pretendían aprovechar su hospitalización para realizarle un chequeo general con el fin de comprobar su estado de salud. Pero ayer, todo se precipitó. La última vez que había sido hospitalizado fue en diciembre del 2012.
Prudencia del equipo médico
«Desgraciadamente, pese a la mejoría que había en el tratamiento de la neumonía, la enfermedad neurológica ha avanzado mucho y todo nos hace indicar que el desenlace es inminente», señaló su hijo Adolfo Suárez Illana que, visiblemente emocionado y con la voz entrecortada, no pudo contener las lágrimas en una comparecencia sorpresa en la clínica Cemtro. Señaló que, conforme al deseo que expresó en su día el expresidente, había llamado al rey y a Rajoy para informarles del estado crítico de su padre, que, según dijo, podría fallecer en 48 horas. Afirmó que su final ahora está «en manos de Dios» y que recibirá todos los cuidados médicos para que no tenga sufrimiento. De hecho, dijo que ya le habían «administrado los santos sacramentos y está en paz».
Pese a todo, fuentes de los servicios médicos que atienden al exjefe del Ejecutivo aseguraron con posterioridad a la comparecencia de Suárez Illana que el fallecimiento podría no ser tan inminente y que no había habido novedades importantes en su salud en las últimas horas.
«La mirada picarona se ha mantenido hasta el final»
El hijo de Suárez contó que los últimos días han sido felices para su padre, junto con sus familiares. «Nos ha regalado más sonrisas quizá que en los últimos años», señaló, mostrando un velo de optimismo en medio de la tragedia. Explicó que el deterioro a causa de la enfermedad impidió a su padre, casi desde el inicio del proceso, el tener una «relación intelectual» con su familia, aunque sí conservó la afectiva. «La mirada picarona se ha mantenido hasta el final», afirmó emocionado.
El hijo del artífice de la transición destacó la «excepcional» relación que su padre tenía con el rey, y dijo que el monarca ha estado muy pendiente de su enfermedad durante estos 11 años y con más intensidad durante estos últimos días. «Gracias al rey mi padre fue presidente del Gobierno, gracias al rey pudo hacer lo que más le gustaba y en un momento único de la historia de España», aseguró.
Dijo que ambos «cambiaron el rumbo de España» y recordó unas palabras que don Juan Carlos les dijo en una ocasión sobre su padre: «Sin su ayuda seguramente España no habría volado nunca ni tan alto ni tan lejos».
La figura de Adolfo Suárez está ya en las páginas de los libros de historia. «He sido un buen servidor del Estado y de los españoles», dijo de sí mismo en 1995 al ser preguntado por su labor política. Su última aparición pública, en la que ya dio muestras de la enfermedad, fue en el 2003 en Albacete, en un acto electoral del PP, para dar su apoyo a la candidatura de su hijo Adolfo Suárez Illana a la presidencia de Castilla-La Mancha.