A Mariano Rajoy nunca le gustó volar. Una incomodidad que casi se convierte en fobia tras la traumática experiencia que vivió en diciembre del 2005, cuando el helicóptero en el que viajaba con Esperanza Aguirre se desplomó nada más despegar de la plaza de toros de Móstoles. Desde aquel accidente, en el que solo se fracturó un dedo pese a la aparatosidad del golpe, jamás ha vuelto a subirse en uno de esos aparatos. A lo que no ha podido renunciar, sobre todo desde que llegó a la Moncloa, es al avión.
La Presidencia del Gobierno ultima la agenda internacional del jefe del Ejecutivo para este año, que incluye por ahora catorce desplazamientos a once países de Europa, América, Asía y Oceanía. De momento, Rajoy no tiene previsto pisar tierras africanas, aunque mantendrá encuentros al máximo nivel con los presidentes de Marruecos y Argelia, pero en Madrid.
Si se mantiene el calendario, aunque no se descarta alguna visita más a América Latina, el presidente del Gobierno recorrerá 134.930 kilómetros en un año. Una distancia que equivale a más de tres vueltas al mundo. Se desplazará en aviones de las Fuerzas Armadas, un Airbus 310 para los vuelos transoceánicos y un Falcon 900 para los trayectos europeos.
Gastos
Es difícil calcular el gasto que supone cada uno de estos viajes porque varía el número de personas que acompañan al presidente. En 2012, la media se situó en 22.500 euros, según los datos que ofreció Soraya Sáenz de Santamaría en el Congreso. La vicepresidenta recalcó que esta cantidad, aunque elevada, suponía una sensible rebaja con respecto a los 42.000 euros que costaron de media en 2010 los desplazamientos de José Luis Rodríguez Zapatero.
La mayoría de sus periplos serán de índole económica. Tras la esperada visita a la Casa Blanca, Rajoy asistirá en la localidad suiza de Davos al Foro Económico Mundial. Una moqueta que no quiso pisar en los dos años anteriores, cuando España estuvo al borde del rescate. En noviembre se irá a las antípodas para participar en la cita del G-20, que este año se celebra en la ciudad australiana de Sidney, donde volverá a coincidir con el presidente norteamericano Barack Obama.