El político que renunció a su programa

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño MADRID / LA VOZ

ESPAÑA

BENITO ORDOÑEZ

Comprendió su error en el diagnóstico de la crisis y reaccionó para evitar el rescate

20 nov 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Este hombre de 58 años, que tuvo que interpretar inesperadamente durante dos legislaturas el papel que más aborrece, el de líder de la oposición, estaba convencido de que por fin había llegado su momento y de que la presidencia del Gobierno pondría la guinda a una dilatada carrera política en la que ha sido de todo, desde concejal a ministro, pasando por presidente de diputación. En aquella campaña electoral repitió de manera contumaz el manual con el que pondría en marcha lo que entonces llamaba nada menos que «el proyecto de recuperación nacional». Era fácil. Rajoy, que nunca fue un liberal, sonaba más liberal que nunca. La clave eran el empleo y la fiscalidad. Hay que bajar los impuestos, decía, porque así aumenta el consumo, los empresarios tienen más liquidez y crean puestos de trabajo. Y, al haber más cotizantes, el Estado tiene más recursos para garantizar el bienestar y los servicios básicos.

Sonaba bien, pero las cosas se torcieron demasiado rápido. Solo diez días después de ser investido presidente, el cántaro de la lechera estaba ya roto. El 30 de diciembre del 2011, su Gobierno anunciaba una drástica subida de impuestos que echaba por tierra todo su discurso anterior. Rajoy asegura que no le quedó otra opción porque Zapatero lo había engañado. El déficit era mucho mayor del que declaraba el Gobierno socialista. Lo cierto es que varios de los que hoy son ministros habían expresado durante la campaña a este y a otros periodistas su convencimiento de que el descuadre que se encontrarían superaría con mucho las cifras oficiales. Siempre quedará la duda de si el líder del PP mintió a sabiendas durante aquella campaña o si pecó de ingenuo.

Pero lo cierto es que tras aquel doloroso baño de realidad, Rajoy comprendió que todo iba a ser mucho más difícil de lo que calculó para el peor de los escenarios, y que tendría que tirar ese librillo del sentido común y esa pose del «señor normal de Pontevedra» que le habían llevado hasta allí, para arremangarse y sufrir. Pero ni así. Aunque siempre creyó que su sola llegada al poder daría estabilidad y confianza a los mercados, comprobó con horror que la prima de riesgo superaba pronto y por mucho la que heredó de Zapatero. Abandonado el sueño de convertirse de manera personal en otro milagro económico como el que se atribuye Aznar, Rajoy se convirtió en un campeón de lo que él llama reformas y la oposición recortes. Pensó que echándose en brazos de Merkel y de su austeridad prusiana la canciller lo protegería. Pero lo que hizo Merkel es animarlo a caer en el abismo del rescate. Rajoy reaccionó a tiempo y, en lo que quizá ha sido su mayor acierto, se negó en redondo, contra el criterio de casi todos, a la intervención de España.

Bárcenas y Cataluña

El tiempo ha acabado por darle la razón y en los últimos meses Rajoy empieza a ver lo que llama «la luz al final del túnel». De que esa luz ilumine pronto a todos, incluidos los casi seis millones de parados, dependerá su futuro. La lucha por la supervivencia económica ha sido tan extenuante, que Rajoy ha descuidado el partido y el problema catalán. Es decir, se ha confiado frente a Bárcenas y Artur Mas, que pueden acabar creándole tantos problemas o mas que la prima de riesgo. En lo personal, en estos dos años Rajoy ha perdido peso y sentido del humor, ha ganado algo de modestia y se ha convertido en un hombre todavía más pragmático de lo que siempre fue.