En medio de la escalera

La opinión del amplio colectivo gallego en Cataluña se divide entre los mayores, contrarios a la independencia, y sus hijos, castigados por la crisis y más indecisos

Un vecino de san Vicenç del Horts pasea frente a un mural independentista repintado con mensajes unionistas.
Un vecino de san Vicenç del Horts pasea frente a un mural independentista repintado con mensajes unionistas.

Barcelona / Enviado Especial

Según algunas estimaciones, entre los nacidos en Galicia y sus hijos, en Cataluña residen alrededor de 300.000 gallegos, una cifra a tener en cuenta tanto por los partidarios de la independencia como para los unionistas. ¿Cómo está viviendo este colectivo el proceso soberanista? «Con naturalidade», responde Manuel Carrete, el presidente del Centro Gallego de Barcelona, una entidad que acoge a más de 1.700 socios y que tiene entradas y salidas en su censo todas las semanas. En general se podría decir que los nacidos en Galicia no son favorables a la independencia, pero, entre sus hijos, la cuestión anda algo más dividida. Buena parte de este grupo se encuentra entre el colectivo más afectado por los recortes y que ha empezado a considerar las tesis de que sus impuestos, hoy en día, les hacen más falta a ellos que a territorios menos productivos, como los que vieron nacer a sus padres.

«Todo esto é máis político que real -reflexiona Paco Pérez, un verinense de 69 años con más de treinta en Barcelona y que agradece poder hablar un rato en gallego-. É todo para que non se fale doutras cousas, pero non vai a ningunha parte. Nin eles mesmos o creen». Paco asegura que sus hijos piensan como él y que hasta el propio Carod Rovira, socio del Centro Galego de Barcelona, confiesa por lo bajini que el apoyo a la independencia es todavía insuficiente entre el censo catalán.

Nacionalismo gallego

«A mí no me gusta la separación, pero me siento nacionalista gallego. Sé que soy diferente al resto de españoles», apunta Carlos Cabanas, agente de aduanas. Es coruñés y lleva ya diez años en Barcelona. A él tampoco le quita el sueño todo el rebumbio independentista. Eso sí, se da perfecta cuenta de que las tasas que ha pagado este curso en la Facultad de Náutica son las más caras del Estado: «En cualquier otra facultad de España, me habría costado más o menos la mitad».

La redistribución imperfecta de la balanza fiscal es un argumento que sirve para todos, incluidos los catalanes de primera generación que tienen sus raíces familiares lejos de Cataluña. El movimiento soberanista trabaja ese flanco y apela a un doble sentimiento: «En Cornellá es gallego, en su pueblo, catalán», es el eslogan de una campaña de Convergència que busca apoyos entre los emigrantes españoles hacia el proceso independentista y que ha comenzado su andadura entre el colectivo de gallegos en el área metropolitana de Barcelona. Al fin y al cabo, los propios gallegos residentes en Cataluña comprueban cada vez que regresan a Galicia como crece la animadversión hacia los catalanes, estimulada por el proceso soberanista. «Pero no los están seduciendo», apunta Manuel Carrete, que se queja de la falta de apoyo de la Generalitat a las actividades del centro.

En la posición del colectivo, especialmente entre los hijos de los emigrantes en las grandes oleadas de los 60, pesa también el hecho que una parte de ellos ya fueron educados en la inmersión, de forma que manejan con soltura el idioma, tienen una concepción del nacionalismo catalán sustancialmente distinta a la de sus padres y pocas expectativas de regresar.

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