Ni son verdad ni podrán ser probadas nunca». Así se refirió ayer en el Congreso el portavoz popular, Alfonso Alonso, a las acusaciones contra Rajoy y contra el PP lanzadas por Luis Bárcenas. Alonso adelantaba así los argumentos que esgrimirá el día 1 el presidente del Gobierno para rebatir las acusaciones de financiación ilegal del PP, de cobro de sobresueldos y de connivencia del jefe del Ejecutivo con el ex tesorero popular.
Si en el 2009 Rajoy aseguró, en enrevesada expresión sobre Bárcenas, que «nadie podría probar que no es inocente», el líder del PP le da ahora la vuelta al argumento asegurando que será Bárcenas el que no podrá probar jamás que él y su partido son culpables. Aferrándose así ya casi exclusivamente al debate de la responsabilidad penal, los populares parecen renunciar ya a defender la inexistencia de responsabilidades políticas en este asunto. Mientras al PP le conviene dirigir el debate hacia el terreno judicial, en el que en el peor de los casos para los populares casi todo estaría prescrito, la oposición pretende poner el foco en la responsabilidad política del propio Rajoy, y muy especialmente en el hecho de que el presidente, según sus argumentos, mintiera al asegurar que se habían cortado toda las relaciones con Bárcenas tras su dimisión. Defender los SMS en los que le dice a Bárcenas que «hacemos lo que podemos» y le pide que sea «fuerte» será sin duda la prueba más dura para Rajoy en el inminente debate. De que la supere o no convincentemente depende en buena medida su futuro.