Mariano Rajoy y Helen Thomas

ESPAÑA

23 jul 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Tras una vida plena, que le permitió poner en aprietos a todos los presidentes norteamericanos desde Kennedy hasta Obama, falleció hace unos días uno de los grandes mitos del periodismo norteamericano: Helen Thomas. Corresponsal en la Casa Blanca, la señora Thomas había explicado con una frase sencilla la razón que daba sentido a la profesión que ejerció, sin desmayo y sin concesiones a los sucesivos mandatarios del país, durante más de medio siglo: «Los presidentes nos deben la verdad».

Sin duda alguna: nos la deben a cambio del inmenso poder que ponemos en sus manos, solo concebible en quienes están sujetos a control político y a responsabilidad por todo lo que hacen. Creer que se puede desempeñar la presidencia de un país sin dar cuenta al Parlamento y, a través de él, a la opinión pública, de las muchas acciones u omisiones que el ejercicio de un cargo tan importante lleva aparejadas es una forma como otra cualquiera de no entender el profundo significado del Estado democrático.

Rajoy anunció ayer que comparecerá al fin ante el Congreso para responder a las gravísimas acusaciones que Bárcenas ha realizado contra él y su partido. Pero, cuando realmente se produzca, esa comparecencia no será el fruto de un reflejo inmediato de quien sabe que nos debe la verdad, sino la consecuencia final de un tira y afloja sonrojante que lleva al presidente a dar explicaciones tarde y muy a rastras. Esperemos, por el bien de todos, que encima no sea mal. Es decir, esperemos que Rajoy utilice su comparecencia para darnos las explicaciones que nos debe y no para volver a esconderse detrás de un muro de palabras.

Esa será su oportunidad para poner fin a una vergonzosa situación, que ya no podrá soportarse mucho más: que la gran mayoría de los españoles crean que un individuo encarcelado por la presunta comisión de gravísimos delitos dice la verdad y que miente el presidente del país.