Así son y así viven los hijos de los presidentes del Gobierno

El paso por la Moncloa marcó la vida de los hijos de los presidentes del Gobierno. Mientras los de Felipe González desarrollaron un carácter esquivo y viven hoy alejados de cualquier notoriedad pública, los de Aznar vivieron felizmente la experiencia y se han convertido en personajes asiduos de la prensa del corazón


Madrid / La Voz

José Luis Rodríguez Zapatero ha puesto en venta la casa que se estaba construyendo en León y planea adquirir por un precio superior a los 800.000 euros el lujoso chalé en el que vive actualmente y por el que paga 3.000 euros mensuales de alquiler en la exclusiva urbanización madrileña de Valdemarín. En pleno debate sobre el sueldo de los políticos, la noticia confirma que para los presidentes españoles la verdadera buena vida empieza al abandonar la Moncloa. También Aznar y Felipe González viven mucho más desahogadamente ahora que cuando presidían el Gobierno. Pero lo que ha motivado la renuncia de Zapatero al sueño de regresar a León no ha sido el deseo de vivir muy cerca de donde lo hacen el rey y Mariano Rajoy, sino la negativa de sus hijas, Laura y Alba, a abandonar Madrid y apartarse de su grupo de amigos. El episodio deja claro que el paso por la Moncloa no solo influye en los presidentes, sino también en sus hijos. A todos ellos les marcó esa experiencia. Pero no a todos por igual.

Los González Romero

Una de las obsesiones de Felipe González y de su esposa, Carmen Romero, fue siempre preservar la intimidad de sus tres hijos: Pablo, David y María. Eso no impidió que, sobre todo los dos primeros, vivieran una adolescencia difícil, con muchos problemas en los estudios. Ambos lucían largas melenas casi hasta la cintura y un carácter muy poco sociable. Hoy, los dos tienen menos pelo, pero mantienen esa personalidad algo huraña. Pablo González Romero, el mayor, no terminó los estudios de Física ni de Informática, aunque se dedica a lo segundo. Ya cuarentón, este amante de la filosofía oriental tiene dos hijas, Micaela y Ecne, fruto de su matrimonio con la ecuatoriana Alba, de la que está separado. Es un gran aficionado a la fotografía, reside en un piso nada lujoso en Madrid, aunque vive desahogadamente, y es copropietario de la empresa tecnológica GNubila, que recientemente apareció en los medios porque otro de sus principales accionistas, Joaquín Moya-Angeler, recibió subvenciones de la agencia IDEA, vinculada al fraude de los ERE en Andalucía. David, el hijo mediano de Felipe González, es el artista de la familia y al que más marcó el paso por la Moncloa, en donde vivió desde los nueve hasta los 23 años. Es pintor y expone regularmente con un moderado éxito de ventas. Lo que más pinta son paisajes a la acuarela de Castellar de la Frontera (Cádiz), un pueblo de apenas mil habitantes. Allí vive en la casa que el ayuntamiento de esta localidad le regaló a su padre, Felipe González, como agradecimiento por los servicios que prestó como abogado al municipio antes de ser presidente del Gobierno. En Castellar conoció David a su esposa, María, de la que también está separado y con la que tiene un hijo de cinco años. «No es dinero lo que pretendo ganar, ni la gloria. Pretendo colaborar solidariamente con la solución del desequilibrio del planeta». Esa fue la reflexión que hizo recientemente David sobre su obra pictórica. Ni él ni su hermano Pablo mantienen hoy un vínculo excesivamente estrecho con su padre. Un desapego que se ha agravado con el reciente divorcio de Felipe González y Carmen Romero. Es la pequeña, María, la que está más unida a su padre, con el que trabaja en el espléndido despacho que el expresidente tiene en la distinguida calle Velázquez de Madrid y con el que comparte accionariado en varias sociedades. María está casada con Eric Berganza, hijo de un histórico socialista canario. Tiene tres hijos y es la única que asistió a la reciente boda de su padre con Mar García Vaquero. «El anonimato es el mejor regalo que me ha hecho mi padre. Llamarse González ayuda. Supongo que si te apellidas Aznar es más complicado pasar inadvertida», ha declarado recientemente la menor de los González.

Los Aznar Botella

Menos problemas les creó su paso por la Moncloa a los Aznar Botella, que llegaron allí como una familia burguesa de clase media que se retrataba sin complejos en bañador en un chalé en el que veraneaban de prestado en Oropesa del Mar (Castellón) y salieron convertidos en personajes casi de la jet. Aquel Alonsito, el menor de los tres hijos, que posaba sonriente ante las cámaras de las que nunca le ocultaron sus padres, es hoy todo un playboy asiduo de las fiestas para millonarios en Marbella y un próspero empresario de la noche madrileña con solo 25 años. Acaba de abrir en la capital el restaurante Pipa & Co, de ambiente cool y clientela exclusiva, lo que no impide que siga residiendo en Londres, donde trabaja para el Citigroup en el departamento de fusiones y adquisiciones. En su grupo de amigos figura gente como Colate Vallejo-Nájera, la actriz Amaia Salamanca, el deportista Fonsi Nieto o el hijo de Nati Abascal y hermano del duque de Feria, Luis Medina. Más elitista incluso es la vida de Ana Aznar, casada con Alejandro Agag, al que conoció siendo en el PP asistente personal de su padre, José María Aznar, y que hoy es un multimillonario empresario y conocido comisionista. Ana y Alejandro protagonizaron en El Escorial una boda casi de Estado, muy criticada, y se codean ahora con la élite internacional. Ella es la madrina del hijo de Flavio Briatore, socio de Alejandro y gran amigo de Aznar padre. Y sobre el potencial económico de Agag, basta decir que fue considerado como uno de los candidatos a sustituir a Bernie Ecclestone como patrón de la Fórmula 1, aunque ambos rompieron recientemente sus relaciones comerciales. Después de más de diez años viviendo en Londres, el matrimonio y sus cuatro hijos ha regresado a Madrid, en donde residen en un chalé de la carísima zona de El Viso. Algo más discreto es el hijo mayor, José María, que el pasado mes de marzo dio a su padre su primera nieta, después de los cuatro hijos varones de Ana. Trabajó durante años en Nueva York y hoy es el dueño de su propia empresa de asesoría financiera, Poniente Capital. Su mujer, Mónica Abascal, es diseñadora de bolsos por los que hay quien llega a pagar hasta 3.000 euros. José María es además columnista del diario conservador La Razón.

Los Zapatero Espinosa

Con la llegada de Zapatero a la Moncloa, regresó el modelo de hiperprotección de los hijos del presidente del Gobierno. El socialista se negó a ser retratado nunca junto a sus hijas, Laura y Alba, e invocó en varias ocasiones la Ley del Menor para impedirlo. Pero no pudo impedir que la Casa Blanca difundiera una foto de la familia con el matrimonio Obama en la ópera de Nueva York durante una visita del presidente a Estados Unidos y por la que sus hijas sufrieron crueles ataques. Ataviadas para aquella ocasión con sendos trajes negros hasta el suelo y botas del mismo color, Laura y Alba son conocidas desde entonces en las redes sociales como las góticas. Como cualquier padre con hijas de su edad, el matrimonio Zapatero tuvo bastantes discusiones con ellas cuando eran adolescentes por culpa de su carácter algo rebelde. De estilo alternativo, dicen que ambas son bastante más de izquierdas que sus padres. La mayor, Laura, de 20 años, es lo que en la cultura japonesa se conoce como otaku, una fanática del cómic y la cultura de estilo manga. Ninguna de las dos estaba dispuesta a regresar a León, lo que finalmente ha hecho que los Zapatero Espinosa pusieran a la venta el chalé que se estaban construyendo en esa ciudad.

Los Suárez Illana

La vida en la Moncloa no fue tampoco fácil para los hijos de Adolfo Suárez, expuestos siempre ante los medios. La enfermedad se cebó después con esta familia. Marián, la hija mayor, falleció de un cáncer, igual que su madre, Amparo Illana. Otra hija, Sonsoles, pudo superar la enfermedad y, tras su fallido matrimonio con el popular Pocholo Martínez Bordiú, se casó el año pasado con el músico mozambiqueño Paulo Wilson. El primogénito, Adolfo, probó suerte en la política, pero tras el estrepitoso fracaso como candidato del PP en Castilla-La Mancha se alejó de la dirección del partido y acabó criticando a Rajoy.

Los Calvo-Sotelo Ibáñez-Martín

Los ocho hijos de Leopoldo Calvo-Sotelo y Pilar Ibáñez-Martín eran algo más mayores que los de Suárez cuando sus padres llegaron a la Moncloa. Los dos menores, Andrés y Pablo, tenían 16 años. De los ocho, cinco se han dedicado a la política, algunos en puestos relevantes como Víctor, actual secretario de Estado de Telecomunicaciones en el Gobierno de Rajoy. El mayor, Leopoldo, heredó el título de Marqués de la Ría de Ribadeo.

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