25 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.
En los 90 Beiras quiso copiar un zapatazo: el que propinó Nikita Kruschev en la asamblea de la ONU en 1960. Un avión espía estadounidense había sido derribado en territorio soviético e intervenía en la tribuna el portavoz filipino, acusando a la Unión Soviética de haber colonizado los países de Europa del Este. Kruschev se quitó el zapato y golpeó su pupitre. El acto del fue calificado por la prensa internacional de «insultante, brutal, violento y propio de un político extraordinario que trataba de crear un clima de terror». Beiras no logró el mismo efecto porque solo es Nikita y lo que ahora ha querido es achicar espacios, como en el fútbol, y golpear su puño sobre el escaño del presidente de la Xunta para que se hable de él. Pobre.