Falacias y oportunismos

Tino Novoa EN LA FRONTERA

ESPAÑA

Los conceptos puros no existen. Son más bien como las sombras de la caverna de Platón, percepciones difusas de una realidad creada por el observador. Es lo que ocurre con la soberanía, un etéreo principio sobre el que se sustentan grandes teorías, pero sobre el que resulta difícil cimentar proyectos concretos. Cuando se recurre a las esencias, los resultados suelen ser desastrosos. En las sociedades contemporáneas, la práctica política es el resultado de complejos equilibrios entre actores interdependientes, fruto de correlaciones de fuerzas en continuo cambio. Intentar asentar la soberanía sobre derechos históricos, cuasidivinos, es un engaño en un mundo en el que la realidad nace del reconocimiento de los demás. O tan cínico como la apelación de Artur Mas a consensos amplios, cuando su propuesta no hace sino generar cismas. Los que se anuncian en CiU y el PSC son solo un anticipo de la fractura social que se avecina en Cataluña. En una democracia no debe haber tabúes, cierto, pero los debates deben hacerse respetando los principios de legalidad, proporcionalidad y oportunidad. Que no el oportunismo al que recurre Mas.