Rajoy comprende la «decepción»

G. Bareño / E. Clemente MADRID / LA VOZ

ESPAÑA

Carga contra la herencia recibida de Zapatero, augura un 2013 «muy duro» y afirma que sin sus ajustes el déficit superaría el 11 % y la situación sería «absolutamente insostenible»

29 dic 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Herencia recibida, ajustes imprescindibles para evitar el desastre, austeridad y reformas que sientan las bases del crecimiento. Sobre estos pilares construyó ayer Mariano Rajoy el balance de su primer año de gobierno durante una rueda de prensa en la que auguró un 2013 «muy duro», en especial la primera mitad, aunque espera una mejoría en el segundo semestre. Sin llegar nunca a la autocrítica, dijo comprender «la impaciencia, el escepticismo y hasta la decepción» de los ciudadanos con la aparente falta de resultados de sus políticas, pero explicó que las reformas no producen efectos instantáneos.

El presidente explicó que el «deterioro de las cuentas públicas» que se encontró fue mucho mayor del esperado y eso le ha obligado a hacer más recortes de los previstos y a incumplir buena parte de su programa electoral. Admitió que ha adoptado medidas «dolorosas», aunque «equitativas», en paralelo con «la más ambiciosa e intensa agenda de reformas que se haya emprendido en España en los últimos años». La tesis de Rajoy es que lo que ha hecho no solo es «inevitable» sino que, en caso de que no se hubiera llevado cabo, «España y los españoles estaríamos hoy en una situación muchísimo peor».

Pide comprensión

La falta de ajustes habría llevado, según Rajoy a un déficit público del 11 o el 11,5 %, lo que habría convertido la situación en «absolutamente insostenible». «¿Y quién nos iba a prestar dinero en esa situación?», se preguntó, insinuando así que eso habría llevado al país a la quiebra y a un rescate a la griega. Aunque evitó decirlo y prefirió señalar que el principal logro de su Gobierno ha sido corregir el rumbo de la economía y sentar las bases de un futuro crecimiento estable y sostenido.

Aun así, dijo que «no hay que engañarse ni intentar engañar a los españoles». Pronosticó que la economía española seguirá en recesión «algún tiempo» y mejorará a finales del 2013, aunque sus medidas ya están dando «algunos frutos», como la reducción del déficit, aunque no se comprometió a cumplir el objetivo de este año; la mejora de la balanza por cuenta corriente; las exportaciones y la competitividad o la menor destrucción de empleo privado. El jefe del Ejecutivo se mostró más cercano que otras veces con la gente. Elogió a la sociedad española por aceptar, en su inmensa mayoría, los sacrificios, en especial a los funcionarios y los pensionistas. «No voy a pedir paciencia, porque los españoles han tenido mucha; tampoco confianza ciega, porque creo que los políticos nos debemos al escrutinio diario», pero sí «comprensión», con la necesidad de tomar medidas «que a nadie gustan, pero son imprescindibles», y «solidaridad» para aportar todos algo al sacrificio común.

Reiteró que en estos momentos no cree necesario pedir el rescate al BCE, pero que lo hará si lo considera necesario. Dejó claro que en el 2013 no habrá una nueva subida del IVA y que espera poder bajar el IRPF en el 2014, al tiempo que anunció un «debate abierto» sobre la sostenibilidad de las pensiones.