Días antes que Papá Noel llegó la ley de tasas, para disgusto de las clases más desfavorecidas del país. El ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, nos agasaja con un curioso regalo navideño consistente en un viaje en el tiempo, concretamente al siglo XIX. A aquella España de señoritos y jornaleros, en donde a estos últimos solo les restaba decir amén a los primeros. A partir de ahora, aquellos que no dispongan de una economía holgada, y sientan la tentación de acudir a la Justicia para que sus derechos sean salvaguardados, serán pisoteados por los que no andan tan apretados. Ruiz-Gallardón, con la connivencia de Rajoy, el cual le ha manifestado públicamente su incondicional apoyo, hace apología de ese feo dicho acerca de que «poderoso caballero es don dinero». Pues si poderoso era hasta ahora, no vean ustedes lo que será de hoy en adelante. Poco le importó a don Alberto la inmensa presión social que llevaron a cabo diversos colectivos relacionados con el mundo del Derecho. Se afeitó para arriba como hubieran hecho Nerón o Calígula. Si el pueblo no tiene pan, que coma pasteles. Si total están más ricos. Menos mal que las urnas acaban poniendo a cada uno en su sitio. Semejantes agravios no se perdonan. Por lo menos yo.