Rajoy tiene dos incendiarios en su Gobierno: José Ignacio Wert y Alberto Ruiz-Gallardón. Es probable que al presidente no le moleste, porque así él y la crisis económica pasan un poco más desapercibidos. El precio a pagar por su tranquilidad política es la devastación de la educación y la justicia como servicios públicos. Sus pretendidas reformas, so pretexto de ajustes necesarios, son en realidad contrarreformas que limitan el ejercicio efectivo de derechos esenciales y abren de par en par la puerta de una privatización que nos devuelve a los tiempos en los que había una educación y una justicia para ricos y otra para pobres. Además, en su soberbia, ambos ministros se niegan al diálogo y recurren como argumento a la descalificación del discrepante. De momento, lo único que han conseguido ha sido unir a todos en su contra. Todo un éxito.