A golpe de populismo

Tino Novoa EN LA FRONTERA

ESPAÑA

Se ha convertido en hábito que cada cambio de partido en el poder lleve aparejado una reforma educativa y una modificación del Código Penal. Esta obsesión por dejar la impronta ideológica ha impedido que se asienten pilares esenciales de la sociedad, que, como los cimientos, necesitan tiempo para fraguar y por ello deberían ser fruto de un máximo y reposado consenso, no de intereses o vaivenes partidarios. Que es lo que puede ocurrir con esta enésima reforma penal. Todo es perfectible, incluido el sistema de castigos con el que la sociedad sanciona a quienes atentan contra ella. Surgen nuevas formas de delito y varía la percepción de los daños causados. Pero eso no justifica una transformación radical de los fundamentos. El Código Penal español está(ba) orientado a la reinserción del delincuente, que a partir de ahora queda en un limbo perpetuo. La reforma busca más saciar el ánimo de venganza que la rehabilitación de quien delinque. Cuesta creer que el nivel de criminalidad en España lo justifique. Da la impresión de que responde más a un afán populista, que da votos, aunque robe humanidad.