El ADN, el gran «disco duro» de la vida

La Voz

ESPAÑA

El ácido desoxirribonucleico (ADN), componente químico del núcleo de la célula, se ha convertido en un instrumento esencial de las técnicas que la moderna ciencia forense utiliza para la investigación de delitos. Su conocimiento permite seleccionar a un único individuo entre todos los de su especie. Es lo que se conoce como huella genética, un criterio totalmente fiable de identificación personal.

La primera aplicación de esta tecnología a la resolución de un caso judicial data de 1985. Desde entonces la genética forense como pericia ante los tribunales de Justicia ha tenido un desarrollo espectacular.

Solo el 2 % del ADN humano es codificante; es decir, contiene información sobre las características físicas y fisiológicas de un organismo: color de ojos, de pelo, de piel, estatura, corpulencia, enfermedades genéticas. El 98 % restante no contiene información de ningún tipo para el fenotipo o rasgos físicos de los individuos. No obstante, es en esta parte en la que se concentra la mayor parte de la variabilidad genética entre individuos.

La ley reguladora de las bases de datos policiales sobre identificadores obtenidos a partir del ADN deja claro que solo podrán ser inscritos aquellos perfiles que sean reveladores, exclusivamente, del sexo y la identidad del sujeto. Y, en ningún caso, los de naturaleza codificante que permitan revelar cualquier otra característica genética.

La capacidad de identificación personal que tiene la pericia de ADN es total. Este material genético contiene toda la información sobre un ser vivo. Su análisis podría afectar al derecho a la intimidad. De ahí que la propia ley circunscriba el análisis a datos identificativos y de sexo, pero en ningún caso a los datos de ADN codificante.