Crece la contestación interna contra el dirigente socialista, que no capitaliza el desgaste del Gobierno y no inspira confianza a la mitad de su electorado
09 jul 2012 . Actualizado a las 23:57 h.No inspira confianza a la mitad de los votantes socialistas, es incapaz de rentabilizar el enorme desgaste del Gobierno, y, al contrario, pierde cada vez más terreno, sus mensajes se diluyen en medio del tsunami económico y se enfrenta a una creciente contestación interior. Después de cinco meses como secretario general, tras su ajustado triunfo sobre Carme Chacón, Alfredo Pérez Rubalcaba no ha logrado afianzarse. Se encuentra enredado en su propio laberinto. Lastrado por haber sido todopoderoso vicepresidente de Zapatero, abanderado de la «oposición útil y leal» en un momento de emergencia nacional, atento a los movimientos internos que quieren desbancarlo, y sin un discurso alternativo suficientemente sólido y creíble para ir recuperando los cuatro millones de votos perdidos en las urnas el 20-N, corre el riesgo de llegar a ser irrelevante.
Primarias ya
Algunos dirigentes territoriales ya plantean, en público o en privado, celebrar cuanto antes las primarias para elegir candidato a las generales. Es un síntoma claro del descontento que hay en una parte significativa de las filas socialistas por lo que consideran su blanda oposición a las políticas del Gobierno. Si el PSOE baja aún más en las encuestas y se ahonda la brecha con el PP cuando Rajoy está haciendo los mayores recortes del Estado de bienestar de la historia, ¿cuándo subirá?, se preguntan los críticos e incluso algunos que lo respaldan.
El estancamiento que reflejan todos los sondeos, frente al vertiginoso ascenso de IU y UPyD, preocupa mucho. Aunque el escenario griego parece lejano, el hundimiento del Pasok y el espectacular avance de Syriza produce escalofríos en los socialistas. En el otro extremo está el ejemplo de François Hollande, al que se aferran no solo Rubalcaba y los suyos, sino también los mismos críticos.
Tomás Gómez es el que da la cara, inmerso en una guerra abierta contra Rubalcaba, hasta el punto de haberlo comparado con un boxeador desorientado y afirmar que el PSOE que lidera carece de credibilidad. El último episodio de esta guerra fratricida ha tenido lugar esta semana. Elena Valenciano acusó a Gómez de refugiarse en la «cuevita de la izquierda» para curar las heridas electorales. El aludido le respondió que es preocupante que los españoles «tengan que mirar a la derecha para encontrar al PSOE», que fue la causa por la que los ciudadanos lo «echaron del Gobierno», y que la izquierda no es una «cuevita» sino «los valores y los principios sobre los que se asienta una organización más que centenaria». Pidió valentía a Rubalcaba porque «nunca posiciones timoratas han ganado elecciones». También ha aprovechado que la querella de UPyD contra los exresponsables de Bankia ha sido admitida a trámite para echar en cara a Rubalcaba que no fuese el PSOE el que la hubiese presentado.
Ruptura total con Gómez
La ruptura de Gómez con Ferraz es total. Pero el líder del PSM no está solo. Es la cabeza visible y más estridente de la contestación interna. Chacón sigue en la pelea por el liderazgo y el viernes eligió, con una estrategia calculada, el marco del congreso del PSOE andaluz para reaparecer, tras ser operada del tendón de Aquiles, y escuchar el discurso de José Antonio Griñán. Pero, además, algunos de los que respaldaron a Rubalcaba admiten que la opción por la que se decantaron no está dando los resultados esperados. Griñán, que optó por Chacón, ha salido en defensa del secretario general y rechaza adelantar las primarias, pero en una reciente entrevista señalaba que ahora lo apoya porque es el líder, pero lo que pase en el futuro ya se verá.
análisis cinco meses de difícil liderazgo socialista