Guerra sucia entre Urdangarin y Torres

Melchor Saiz-Pardo MADRID / COLPISA

ESPAÑA

El duque libra una batalla sin cuartel con su exsocio en la que este usa como arma la amenaza de implicar al rey y a la infanta Cristina

08 may 2012 . Actualizado a las 16:52 h.

Guerra sucia, amenazas veladas, desmentidos, medias verdades y maniobras extraprocesales por doquier. La delicadísima declaración de Diego Torres el próximo 22 de mayo ante el juzgado de Palma, en la que amaga con tirar de la manta e implicar a la Casa Real, ha desatado una batalla sin cuartel y en todas las trincheras entre Iñaki Urdangarin y su exsocio en Nóos. Una refriega, con la Corona por el medio, en la que cada día hay una nueva estratagema sobre la mesa de la que luego nadie se responsabiliza o todos niegan.

El abogado del duque, Mario Pascual Vives, que no se sabe bien si está o no dentro de una negociación con Torres para que este no implique con nuevos correos al rey y a la infanta, avisó ayer que reclamar dinero a Urdangarin a cambio de su silencio sería una «extorsión». Vives, que sostiene una y otra vez que no ha participado en conversación alguna, sin embargo amenazó con el Código Penal si se confirma que Torres quiere 11 millones de euros, diez para él y uno para su abogado, como pago por hacer desaparecer las supuestas decenas de correos comprometedores para la Zarzuela. Unos correos electrónicos que el abogado de Torres, Manuel González Peeters, no desmiente que existan pero que, asegura, no ha tratado de utilizar nunca como moneda de cambio.

Vives, el mismo que hace unos días insistió en que su cliente jamás evadió capitales, reitera hasta la saciedad que no tiene constancia de intentos de pactar con Torres ni de cerrar un trato con la Fiscalía para que el duque se declare culpable a cambio de no pisar la cárcel.

Anticorrupción se ha hartado

Sin embargo, Anticorrupción ya se ha hartado y ha dado detalles. Él estuvo a mediados de abril en en una reunión informal en un despacho de la sede judicial a la que acudieron también González-Peeters y el propio Pedro Horrach, fiscal del caso.

El fiscal emplazó a ambos a mantener nuevos encuentros por separado la semana pasada para estudiar un todavía «muy precipitado» acuerdo de conformidad. Sin embargo, esas reuniones se frustraron porque alguna de las partes decidió airear la posibilidad de un pacto con la acusación pública para obtener una posición de ventaja sobre su adversario. Tanto desde el bando de Urdangarin como del de Torres niegan haber filtrado los contactos para librar de la cárcel a sus defendidos a cambio de devolver una pequeña parte, 3,5 millones, del dinero público desviado a sus bolsillos.

La guerra total entre los otrora socios, sin embargo, está plagada de pequeñas treguas, sobre todo en los últimos días, según explican fuentes conocedoras del proceso. En esos armisticios hay acercamientos, y reuniones, entre emisarios de los exsocios, que, pese a las diferencias, son conscientes de que sus ataques mutuos solo conducen a empeorar la situación de ambos. Esos encuentros son más que tensos, llenos de reproches y amenazas.

Contraprestación

La parte que habla en nombre de Urdangarin reclama que Torres asuma su culpa, cese cualquier amago de implicar al jefe del Estado y la infanta y se avenga a hacer una declaración ante el juez que no implique más al yerno del rey. Y todo ello, sin contraprestación alguna, más allá de la que ambos puedan pactar con la Fiscalía. Por la parte del duque no quieren oír ni hablar de dinero a cambio de una colaboración mutua que sería beneficiosa para ambos.

Los asesores de Torres están en las antípodas de las aspiraciones de Urdangarin, más allá de comprender que la suerte de cada uno de los socios depende del otro. Pero saben que el duque de Palma tiene mucho más que perder. Y recuerdan que Urdangarin no tuvo el menor reparo en implicar a Torres en todos los chanchullos y, de paso, reclamar la imputación de su esposa, mientras sostenía que su propia mujer, Cristina de Borbón, debía permanecer al margen de este proceso.