El enfrentamiento Gobierno-PSOE agrava la crisis y frena la recuperación
29 abr 2012 . Actualizado a las 07:02 h.La discusión de los Presupuestos del Estado, que como siga a este ritmo acabará consumiendo el año 2012 al que se refieren, ha supuesto una nueva decepción en la ciudadanía por la falta de consenso entre los partidos, de forma especial entre el Gobierno y el PSOE. En este contexto de crisis, los españoles esperan más que nunca algún tipo de acuerdo, aunque comprendan que unos tienen que proponer una reforma laboral y otros oponerse.
Pero de Rajoy y de Rubalcaba, la ciudadanía esperaba una mayor conexión, aunque solo fuera porque ambos en su día ocuparon la cartera de Interior y sabido es que quienes pasan por ese puesto mantienen, por encima de diferencias ideológicas, una sintonía especial. Solo faltó que el presidente del Gobierno revelara en público que había mantenido alguna conversación más con Rubalcaba de las que habían trascendido. Este hecho no solo es poco elegante sino sintomático de una falta de lealtad poco conveniente en estos momentos. El Gobierno está en su derecho de pactar lo que crea oportuno, desde su mayoría absoluta, con el resto de partidos. Duran explicó con claridad que no apoya los Presupuestos porque jamás hubo una negociación seria, salvo una conversación de Montoro con la Generalitat y una suya con Sáenz de Santamaría en la que afloró una referencia a los Presupuestos y la respuesta consabida «no hay dinero». Pero ni siquiera fue un simulacro de negociación.
En el misterio de los nombres presentados por el Gobierno al PSOE para presidir RTVE se supone que sí se avanzó un poco más, pero el decreto que deja sin efecto el acuerdo por el que era necesario consensuar el presidente del ente público hace presagiar lo peor: que la televisión pública deje de depender del Parlamento, como por fin se había conseguido, con todos los matices que se quieran introducir y las observaciones libres sobre el ejercicio de los profesionales que recibieron este encargo, y que pase de nuevo a depender única y exclusivamente del Gobierno. Si eso se consuma, será un paso atrás.
Ya decía Fraga que «las victorias son efímeras y las derrotas provisionales». Deberían tomar buena nota tanto el Gobierno como la oposición de esta sabia advertencia del fundador del PP que valoraba con relativo escepticismo la correlación de fuerzas. Todo cambia.
Por más que se necesite para la recuperación económica, el consenso serviría también para combatir el grado de decepción y de desánimo que se abona diariamente desde los medios de comunicación y por las declaraciones inconvenientes de algunos políticos. El campeón en sembrar desesperanza es el ministro Luis de Guindos, autor de la inolvidable frase «la situación económica está mal y va a ir a peor». Con esa declaración y el entusiasmo depredador de algunos periodistas con derecho a micrófono, es incluso extraño que el país salga a trabajar todos los días. Declaraciones de este estilo, que alimentan una crisis psicológica superpuesta a la económica y a la financiera, no estimulan precisamente el consumo y crean un ambiente de retracción que acaba reflejándose en las cifras macroeconómicas.
Las cosas están mal, y es cierto que pueden empeorar, pero el camino de la recuperación no pasa por repartir dosis de pesimismo todos los días, sino por destacar el esfuerzo admirable de tantos emprendedores y de tantas personas sensatas que creen, aún con todo, que este país tiene muchas posibilidades y que terminará levantándose. Para esa salida, ayudaría que se aportase algún tipo de consenso. Ellos deciden.