Los límites de los recortes

La Voz

ESPAÑA

La política tiene mucho de juego de apariencias. Por eso, en las noches electorales todos buscan argumentos, incluso peregrinos, para justificar lo muchas veces injustificable. Desde esta perspectiva, lo grave no es la derrota, sino aparecer como perdedor. Este cinismo es uno de esos comportamientos que pierden a los políticos. Porque la evidencia es que los resultados del domingo han supuesto un rotundo fracaso personal de Javier Arenas, un duro revés para el PP y motivo para una honda reflexión y preocupación por parte de Rajoy.

Es humanamente comprensible que el presidente consuele a una persona que fue determinante para que no arrojara la toalla en el 2008 y para que después llegara hasta la Moncloa. Pero de ahí a pretender que lo sucedido no es un fracaso media un abismo. Las expectativas de los populares eran gobernar en Andalucía, y estaban convencidos de ello. De ahí el desaire de Arenas al no acudir al debate electoral. Pero la soberbia, en política, se paga.

La derrota salpica a Rajoy por partida doble. En lo personal, por su implicación directa en la campaña, con una presencia constante en Andalucía durante los dos últimos años. Y en lo político, porque inevitablemente complica su agenda de reformas. Tiene legitimidad política y fortaleza parlamentaria suficiente para continuar con ellas. Pero pretender que no ha pasado nada es negar la evidencia. Y ya se sabe que no hay más ciego que el que no quiere ver.

Rajoy ha emprendido la política de recortes con un cierto aire mesiánico, convencido de que tiene toda la razón y de que el tiempo lo demostrará. Pero ni el sacrificio es sinónimo de renuncia a derechos ni la mayoría absoluta es una patente de corso para tomar decisiones sin contar con nadie. Y aunque no haya una varita mágica para precisar las razones del voto, que es seguro que obedece a distintos y variados motivos, una explicación posible, e incluso plausible, es que andaluces y asturianos han trazado las líneas rojas de las reformas. La partida no ha hecho sino empezar. La siguiente mano, esta misma semana, con la huelga general y los Presupuestos.