El candidato pone tiritas a las tensiones históricas con el PP ourensano
16 nov 2011 . Actualizado a las 15:57 h.Si todo mortal tiene su minuto de gloria, Ourense, aunque sea inmortal, lo vivió ayer. En tres horas la ciudad de As Burgas tuvo entre los suyos a lo más granado de la clase política española. El marianismo y el felipismo en versión estatal, y el baltarismo y el vazquismo en su doble faz -la de Pachi y la de Guillerme-, en la de andar por casa. Y además, los populares lanzaron al aire boinas y birretes.
Ayer nadie arrasó tanto en el reino de Baltar como Mariano. Su popularidad debe subir a igual ritmo que la prima de riesgo española. Y ayer, volvió a tocar techo. Tal es el revuelo que se vivió en Ourense, que Baltar júnior no dudó en comparar a su jefe de filas con el Beckham de sus buenos tiempos. Ja, ja, ja, sonrió socarrón Rajoy.
Pero anda un poco pasado José Manuel Baltar, porque ahora quien pega es Cristiano. También Messi, pero el líder pontevedrés es del Madrid.
Si «salir de Santander fue la guerra» a secas, -como admitió una de las colaboradoras de la caravana del PP-, pasear por las calles que rodean al edificio Simeón (emblemático palacete del antiguo banco que abrió la espita de la evaporación de entidades financieras de cuna gallega), fue la de los Cien Días. No faltó ni un mosqueado polluelo, probable descendiente de la gallina Caponata, ni el oso panda. Agazapados entre las más de doscientas personas que se mimetizaron con los escoltas del candidato, los indignados intentaron gritar y... zarandeo de unos y zarandeo de otros. En medio, Mariano Rajoy y Alberto Núñez Feijoo, y José Luis Baltar, y hasta Arsenio Fernández de Mesa. Pero solo a los primeros los protegía una masa compacta. Eso sí, una masa guarecida entre coloristas paraguas, que se zarandeaba de izquierda a derecha. Y no fue política, sino una organización cuestionable.
Bajo el paraguas de Baltar
Y así saltó la chispa. «¡PSOE, PP, la misma crisis es!». Empujones. Señoras intentando ensordecer los gritos de los dos indignados de fábula. «¡Presidente, presidente!». Y el virtual presidente, según las encuestas, sin perder la sonrisa, y, ojo, a cubierto del paraguas del baltarismo hasta llegar a la carpa del PP. «Cuidado, que esta es la del PSOE», advirtió un espabilado guardaespaldas en la calle del Paseo, la más pija, comercialmente hablando.
Los cuatro hombres de azul, Rajoy, Feijoo, Baltar hijo, y Celso Delgado (el cartel del PPdeG por Ourense para el Congreso), avanzaron por ella sin apenas detenerse. Un posado por aquí, una sonrisa para allá. Si los metros cúbicos de agua caídos sobre las gabardinas marinas de los cuatro populares se transformaran en votos, no harían falta encuestas para pronosticar esa mayoría absoluta que los populares miran con cautela.
A los estrategas de campaña no les llega el parte meteorológico con antelación, porque ayer no era día de paseo. Sin embargo, dejando a un lado el cielo y volviendo a la terrenal política, el de ayer puede que se recuerde como un día claro y azul, porque el 15 de noviembre del 2011 pasará a la historia de los anales del PP. O así debería ser, al escenificarse la paz entre boinas y birretes. Rajoy no tuvo empacho en hacer un hueco en su apretadísima agenda de campaña para intentar colocar una tirita a la brecha que se abrió en el PPdeG hace casi dos años, en enero del 2010.
Una tirita o silicona. Depende de si uno es humano o de cartón piedra. El caso es cerrar heridas en casa antes de ponerse a diseñar más altas tareas de consenso para salir de la sima económica en la que nos encontramos, bien desde el Gobierno o la oposición.
Los menos desmemoriados saben bien que la división que se fraguó ese mes de enero, en el congreso que los populares celebraron en Ourense para elegir a su presidente provincial y al que a Feijoo le faltaron dos telediarios como a Felipe, tuvo su claro reflejo en las municipales. O quizás fue porque Ourense es de interior, pero lo cierto es que aquí no llegó esa ola azul que penetró en otras importantes ciudades gallegas. Quizás el domingo sí llegue el tsunami.
La nieta de Baltar
Si Rajoy no habló esta campaña de aquella famosa niña del 2008, ayer sí se paró a darle un beso a la pequeña Alejandra Baltar Caldelas. María José Caldelas, exdiputada autonómica, presumió de bebé a las puertas de la sede provincial del PPdeG de Ourense. Allí lleva la batuta su marido y durante muchos años la llevó su suegro. José Luis Baltar prefirió mantenerse en un segundo plano para ceder protagonismo a su hijo y su nieta.
Ourense, la excepción
Salvo los de Génova, Mariano Rajoy no ha participado en ningún acto de partido a lo largo de esta campaña electoral, tal y como confirmaron fuentes próximas al candidato del PP a la Presidencia del Gobierno. Pero quiso hacer con Ourense una excepción. El baltarismo es una de las pocas heridas abiertas en el seno de los populares en Galicia y su principal dirigente no quiere llegar a La Moncloa con divisiones internas de su partido.
«¡Ide traballar, ociosos!»
Dos jóvenes embutidos en sendos disfraces de pollo y de oso panda, acompañados de algún otro indignado a cara descubierta, provocaron ayer momentos de tensión en la calle Paseo de Ourense. La fuerte respuesta que se encontraron entre los seguidores del líder popular generó un cruce de reproches y fuertes empujones que no alcanzaron ni a Mariano Rajoy ni a Núñez Feijoo. «¡Ide traballar, ociosos!» les espetó una mujer.