«Echadme una mano»

M. Cheda ENVIADO ESPECIAL

ESPAÑA

El socialista estrena en Galicia su plan para «trabajar muchísimo más», mientras en Madrid propone una reforma de la financiación autonómica

15 nov 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Él, que siempre fue más de esprints, se ha metido ahora al maratón. Despertar entre viñedos, en Logroño, para anochecer frente a las Cíes. Y, entremedias, cinco recorridos en coche, cuatro viajes en bus, dos vuelos. Once horas, seis frentes. Madrid, A Coruña, Betanzos, Oroso, Rianxo y Vigo. Encuentro privado, rueda de prensa, mitin, mitin improvisado, micromitin, megamitin... Requetemitin. De locos. Así transcurrió ayer el día del candidato socialista a la Moncloa. ¿Por qué? «Cuando a uno las encuestas no le dan muy bien, lo que tiene que hacer es trabajar muchísimo más». Palabra de Rubalcaba. Para que lo alaben los suyos, señor.

De cuatro a siete de la tarde, en su periplo de breves arengas por Galicia el líder del PSOE recordó un tanto, salvando las distancias, al Tío Sam, aquel anciano de gesto serio, pelo blanco y de chivo la barba que, vistiendo chistera, aparecía en millares de carteles impresos durante las dos grandes guerras. En esos pósteres, bajo el índice inquietante del personaje un eslogan rezaba: «I want you for U.S. Army» (Te quiero para el Ejército de los Estados Unidos).

Reclutando sufragios

El exministro del Interior también desea algo y para algo. Y ayer lo reclamó, como aquel, señalando a la gente, exhortándola. La llamó al alistamiento de las urnas, o sea, al voto. Se fajó en reclutar, con lenguaje directo, sufragios. Sufragios y sufragios que tiren de otros sufragios, o sea, altavoces andantes de su discurso contra la desmovilización. «Echadme una mano [...], convenced a unos cuantos vecinos [...], tenéis que decirles que no se pueden quedar en casa [...], nosotros vamos a hacer todos lo que podamos, pero llegamos adonde llegamos», repitió y reiteró entre Betanzos, Oroso y Rianxo.

Se estrenaba Rubalcaba en las artes del mitin on the road, más corto, emocional y participativo que los convencionales. Un golpe de efecto. Y mal no le marchó. Porque, micro en mano y rodeado de espectadores por los cuatro costados, se desenvolvió con soltura e incluso impactó, a tenor de la reacción del público. La gente se iba de allí y de allá con ganas de pelea, de caña.

Antes, por la mañana, se había trabajado otro tipo de respaldo, el del sindicalismo en tiempos de reformas laborales. Se plantó en la madrileña sede de UGT y salió de ella con una foto de mesilla de noche electoral: él, el secretario general de la Unión General de Trabajadores y, de busto presente, al fondo el fundador del PSOE, el ferrolano Pablo Iglesias. Cándido Méndez no pidió avales directamente para los progresistas, si bien se alineó con sus intereses de cara al 20-N exigiendo al PP «claridad y concreción» en aspectos claves de su programa (pensiones, prestaciones por desempleo, educación...) y efectuando un llamamiento a la participación masiva el domingo.

Aprovechando su presencia allí, Rubalcaba lanzó otra medida estrella, de esas de recta final: acometer una reforma urgente del sistema de financiación autonómica de modo que las comunidades queden obligadas a destinar a educación, sanidad y servicios sociales un 80 % de las transferencias del Estado.

Para su primera miniescala gallega, Pérez Rubalcaba eligió como escenario el restaurante Os Arcos, de Betanzos. «Aquí se come una tortilla excelente», comenzó su discurso el candidato socialista. Una señora que se encontraba entre el público lo interrumpió para gritarle: «Dale caña fuerte [al PP]».

En Sigüeiro (Oroso), al candidato lo aguardaban el doble de personas que en Betanzos, villa también socialista: unas 200. Lo frieron a fotos y casi lo descoyuntaron a base de abrazos, apretones de manos, besos, palmadas... Cuando iba a comenzar, un simpatizante, señalándolo, le dijo: «Te queremos presidente, ¡eh!».

En la tercera de sus breves paradas por tierras coruñesas, el aspirante del PSOE a la Moncloa se detuvo en Rianxo, tierra de Castelao, como él mismo recordó. En un abarrotadísimo Cuartel Vello, a la solicitud de apoyo electoral que realizó varios sectores de los congregados respondieron al grito de «está hecho, está hecho».