El PP enseña músculo

Mario Beramendi Álvarez
mario beramendi ENVIADO ESPECIAL

ESPAÑA

Feijoo presume de políticas responsables y eficaces en Galicia como ejemplo del cambio pese a los obstáculos del Gobierno centra

12 nov 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

A la vuelta de un apresurado peregrinaje rociero junto a Arenas, en la localidad onubense de Almonte, el presidente gallego apareció otra vez en el rural, en Sarria (Lugo), para despedirse por fin del campo y empezar desde hoy en las ciudades. Un tiempo que las Xuventudes Socialistas parecen haber aprovechado para montar una fiesta sorpresa, con barra libre, de esas que organizan los adolescentes sin los padres en casa. Han bastado poco más de 24 horas para que el catecismo, Mujercitas, las alusiones a Hitler y la imagen de un Rajoy neonato viniendo al mundo asustado y con barba prendiesen las llamas de la campaña.

A avivarlas algo se encargó Rueda el jueves en Porriño, pero ayer no ejerció como maestro de ceremonias, en ese papel de policía malo en el que tanto se prodigó en la antesala de las pasadas autonómicas. Con Feijoo en primer plano, las aguas volvieron a bajar sin tantos remolinos, después de un viaje de 24 horas que le llevó por dos comunidades, Cataluña y Andalucía. En un hotel de Sarria, ante un auditorio rural y envejecido, los populares mostraron la introducción de una partitura que tocarán en las ciudades, con un giro de discurso, donde el paro y los asuntos económicos ocuparán un lugar central en detrimento de los sectores productivos.

Fue en ese contexto en el que el presidente enseñó el músculo ante el auditorio para colocar en campaña la gestión de los populares en Galicia como algo premonitorio del cambio que se avecina en toda España después del 20 de noviembre. «O primeiro paso no tempo está preto, a dez días, e no espazo, está en Galicia, coas políticas de responsabilidade, planificación e eficiencia que, con todos os obstáculos do Goberno central, se puideron facer», dijo a los presentes. Aparecían así en Sarria las zancadillas que Rubalcaba y compañía han puesto a la Xunta desde la Moncloa, un comodín con el que no contará el PP gallego en el futuro si gana Rajoy. Y que está llamado a cobrar más protagonismo los próximos días. El mitin de Sarria, como es costumbre, tuvo su cuota dedicada a infraestructuras locales, un guiño que los populares cuidan al milímetro en cada villa, donde atizan al PSOE sin contemplaciones con obras y corredores para entusiasmar a la parroquia.

Así dio por terminada ayer el PP la campaña por las villas. En su vuelta a Santiago, la caravana popular pasó por la gasolinera de Guitiriz, pero ya estaba cerrada.