Cuatro días después del comunicado del cese definitivo de la violencia de ETA, la demostración de unidad que dieron el Gobierno y los partidos en su respuesta al anuncio de la banda comienza a resquebrajarse. En los discursos se repiten palabras como «prudencia», «templanza» y «serenidad». Pero los políticos empiezan a deslizar expresiones críticas con el papel de los otros, interpretaciones distintas sobre lo que ha motivado la rendición de los terroristas y propuestas lanzadas sin consenso alguno. A diez días de que comience la campaña electoral, esos síntomas no auguran nada bueno. Es lo que buscaba ETA al hacer su propuesta en vísperas electorales: sembrar la división entre los partidos y favorecer a la izquierda aberzale en los comicios. Por eso resulta ya urgente que las fuerzas con representación parlamentaria firmen cuanto antes un compromiso público de no utilizar a ETA en la campaña.