Emergencias Felipe al rescate

La Voz

ESPAÑA

González entra en escena ante el revulsivo insuficiente de Rubalcaba mientras el PP extrema la prudencia para no cometer errores

02 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Es acaso la última baza, el único catalizador que acelera una reacción deseada, en este caso la recuperación de expectativas electorales. Golpe de efecto cuando Felipe González entró en la conferencia del PSOE el viernes sorprendiendo a delegados y periodistas pero, sobre todo, cuando tomó la palabra en primer lugar. No estaba prevista su intervención y a nadie se le escapó que tapaba mediáticamente la despedida de Zapatero. De ahora en adelante, a efectos de partido, Zapatero, aun siendo el secretario general, tendrá la misma relevancia que una luz que se apaga. Para fortalecer el foco Rubalcaba, que no termina de lucir con la potencia deseada, se recurrió a emergencias Felipe, el único revulsivo eficaz en el almacén de la memoria socialista.

«La cuestión clave ahora es movilizar a nuestro electorado que pensaba quedarse en casa o bien dispersar su voto. Solo Felipe puede activarlo y por eso planificamos su entrada en campaña por sorpresa», confirma Antonio Hernando, uno de los jóvenes dirigentes, muy cercano a Rubalcaba y a Blanco.

El margen de esta batalla lo marca una diferencia de sesenta diputados que se relacionan con dos nombres del pasado, Aznar y Almunia. Para el PP, el objetivo es ganar, preferiblemente con mayoría absoluta para no quedar en manos de los nacionalistas, y, mejor aún, ganar con un diputado más de los que obtuvo Aznar en el 2000. Frente a ese techo soñado por los nuevos dirigentes del PP está el suelo que, en el peor de los casos, desearían los socialistas: un diputado más que los obtenidos por Joaquín Almunia ese mismo año, en el que se registró el resultado máximo del PP y el mínimo del PSOE.

Las encuestas siguen indicando una diferencia de trece puntos, o más, en intención de voto en favor de Rajoy y, aunque Felipe González sostenga que «también en 1996 nos llevaban catorce puntos y nos faltó un telediario para ganar», la recuperación suena a utopía. Pero no es lo mismo perder por ocho puntos que por catorce y, aun con mayoría absoluta del Partido Popular, lo importante es consolidar a Rubalcaba como líder y garantizar estabilidad interna para hacer política en serio la próxima legislatura. A saber: apoyar al PP cuando haya que hacerlo en reformas básicas para la refundación del modelo productivo español y limitar su política de recortes y privatizaciones que ese electorado desmovilizado empieza ya a temer, según las encuestas cualitativas del PSOE de las dos últimas semanas.

A los que dicen que el PSOE no despega ni con Rubalcaba, se les responde que a saber donde estaría ahora el PSOE sin Rubalcaba. Pero si el exministro del Interior ha servido de momento para establecer el suelo electoral, el ascenso se confía a la fuerza de Felipe González y quien sabe si a algún paso decisivo hacia el final de ETA. De momento se ha autodisuelto Ekin, la rama política de los terroristas, pero, como apunta Blanco, eso es insuficiente.

Recorte de gastos

Entretanto, el PP se mueve con enorme prudencia convencido de que su victoria depende de no cometer errores. Ana Mato quería las elecciones ya, para no perder medio año más, y Dolores de Cospedal asegura que el primer día del final de la crisis será el 20-N. Entretanto, el tiempo se aprovecha: todas las autonomías han comenzado, por suerte, a limitar gastos. El Banco de España entra en las cajas de ahorro, aunque el popular Cristóbal Montoro, seguramente con razón, afirma que la reformas bancarias se acometieron tarde y mal.

Y se cierra todo aquello que tenía poco o ningún sentido, empresas públicas prescindibles y aeropuertos que se quedan sin aviones, como los de Albacete y Ciudad Real. León, Burgos, Lérida y Logroño aún resisten, pero su futuro es incierto. Sus terminales quizás quedarán como monumentos arqueológicos de una era de prosperidad ilusoria que la crisis se llevó.