Mariano Rajoy desdeñó ayer a Alfredo Pérez Rubalcaba. Ni una sola alusión durante su prolija intervención en la clausura del campus de la Fundación Faes y ni una respuesta a los periodistas que lo abordaron antes y después de este acto. El líder del PP quiere evitar convertirse en altavoz de las propuestas de Rubalcaba. La estrategia del silencio, por lo tanto, se repetirá en más ocasiones. La misión de desinflar el efecto Rubalcaba recaerá en otros dirigentes de la cúpula popular. Rajoy se preocupará de Rubalcaba cuando toque, es decir, durante la campaña electoral.
Lo cierto es que el día de la proclamación oficial de Rubalcaba, el máximo dirigente del PP se destapó con una batería de propuestas y reformas más detalladas que de costumbre. Rajoy, en cierta medida, contraprogramó el giro a la izquierda de Rubalcaba con un alegato del centro reformista que, dijo, encarna su formación. El jefe de filas de los populares anunció que en las elecciones pedirá a los españoles «un mandato reformista en la convicción de que eludir las reformas no implica que las cosas se queden como están, sino que empeoren aún más».
Cambio en la FP
Los seis ejes en los que se sustentarán todas las acciones de un hipotético Gobierno de Mariano Rajoy serán: empleo y crecimiento económico; reforma y modernización del sector público; fortalecimiento institucional y regeneración política, proyección exterior de España, educación y protección social.
Detalló, y aquí está la novedad del discurso de Rajoy, alguna de las herramientas con las que quiere apuntalar estos pilares. En educación, por ejemplo, anunció que adoptará en España el modelo de formación profesional dual que se aplica en Alemania: un tercio del curso se desarrollará en el centro educativo y, el resto, en la empresa. Cada alumno recibirá una beca salario de 450 euros al mes.
En cuanto a las políticas sociales, aseveró: «No recortaremos el Estado del bienestar». Indicó, asimismo, que no dejará a nadie en la cuneta, aunque sí desveló que quiere reformar este Estado del bienestar «para hacerlo sostenible» y recuperarlo para garantizar la atención a la sociedad y, en especial, para priorizar los mecanismos de protección social.
Rajoy, frente a los que aspiran a contentar al movimiento del 15-M, enfatizó el «espíritu del 22 de mayo», que dio un triunfo sin precedentes a su partido en las urnas, al que auguró «larga vida». Puso empeño en enfatizar que en España «ni falla nuestra democracia ni nuestra Constitución, aunque hay cosas que pueden ser mejoradas». Y remachó que «lo que falla es el Gobierno». El espíritu del 22-M lo resumió en la voz de millones de ciudadanos que dijeron en las urnas «ya está bien de este sufrimiento impuesto y sin esperanza».