Rechaza el consejo del expresidente para que deje el Gobierno
01 jul 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Rubalcaba ejerce ya de candidato con mando en plaza. No solo será quien decida el calendario del final de la legislatura, sino que incluso se siente con la fortaleza suficiente para desautorizar a quien fue su padre político, Felipe González, que lo llevó al Gobierno ya en 1992. «Agradezco que todo el mundo me dé consejos, pero que se los ahorren porque en este caso sé muy bien lo que hay que hacer y cuándo lo tengo que hacer», fue la respuesta que el candidato dio al expresidente apenas un par de horas después de que este le recomendara que deje «ya» el Gobierno para centrarse en sus tareas como candidato.
Una condición que estrenará el próximo día 9, cuando será proclamado oficialmente aspirante socialista a la presidencia del Gobierno. En el tránsito a su nueva categoría, Rubalcaba, que a finales de este mes cumple 60 años, pierde el primer apellido. Según la cartelería que prepara el PSOE, el candidato será presentado como «Alfredo P. Rubalcaba». Es decir, la cercanía del nombre de pila, como reclama él en los actos con sus compañeros de partido; o el apellido por el que lo conoce todo el mundo. Pero no parece que la transformación operada por sus asesores de imagen vaya a tener, ni de lejos, el éxito de quienes inventaron la marca ZP.
Chacón se desmarca
Del poder adquirido por Rubalcaba en el PSOE dan buena cuenta las reacciones de los dirigentes socialistas a las palabras de González. Hubo unanimidad en destacar el «excelente criterio» del vicepresidente, lo que le hará escoger el momento oportuno para dejar el Gobierno, según declaró la responsable de Economía, Elena Salgado. Rubalcaba anunció hace unas semanas que no será ministro del Interior durante el proceso electoral, pero no concretó cuándo piensa renunciar ni si, además, dejará de ser vicepresidente y portavoz del Ejecutivo.
La postura expresada por la vicepresidenta Salgado de dejar en manos de Rubalcaba la decisión sobre su futuro fue respaldada por otros miembros del Gobierno, como Francisco Caamaño, y del partido, como el segundo del grupo parlamentario, Eduardo Madina. La única voz discordante fue la de Carme Chacón, cuyas aspiraciones a ser candidata fueron cortadas bruscamente por las maniobras de Rubalcaba. La ministra de Defensa fue la única que, además de recordar que «yo a Felipe lo quiero mucho», se atrevió a destacar que «si hay alguna decisión que es indisponible de un presidente del Gobierno es esa [la de nombrar y cesar a sus ministros], así que yo respeto lo que haga y en el momento en que lo haga». Pero Zapatero guardó silencio absoluto.