Repensar la misión o modificar el calendario

Miguel Anxo murado

ESPAÑA

Es cierto, y no lo es, lo que dijo ayer la ministra de Defensa de que las tropas españolas llevan «nueve años» en Afganistán. Efectivamente, Aznar envió a los primeros militares en el 2002, pero hasta tres años después se trataba de pequeñas unidades de apoyo. El verdadero comienzo de la misión actual, tal y como la conocemos, hay que situarlo en el 2005, cuando se abrió la base de apoyo avanzada de Herat y el número de militares empezó a crecer hasta hoy.

No es ningún secreto que aquel cambio nació de la necesidad de enmendar las relaciones con Estados Unidos tras la retirada de las tropas de Irak. Aquella era una promesa electoral que el Gobierno no podía no cumplir porque era un clamor popular. Pero al aceptar aquel canje, aceptó también, imprudentemente, una pérdida de autonomía en sus decisiones: Estar en Afganistán pasó a ser una obligación, no un compromiso.

Todavía el 2005 fue un año relativamente tranquilo, por lo que pudo presentar aquella misión como eminentemente humanitaria y de reconstrucción, un lastre semántico que ha venido pesando durante todos estos años. El espejismo vino a romperse definitivamente en el 2008, cuando los talibanes recuperaron la iniciativa y hubo que reconfigurar la misión para protegerla de ataques, pero sin aceptar la realidad de la guerra.

Lo mismo parece estar sucediendo ahora con la retirada. Si está previsto que el grueso de las tropas se vayan dentro de tres años no estamos «en la fase final de la misión», como aseguraba la ministra ayer, sino que más bien falta todavía un tercio del total. Lo que queda no solo «no tiene por qué ser menos duro» que lo pasado hasta ahora, sino que de hecho hay que esperar que lo sea bastante más. Esto quizá obliga a replantearse otra vez los objetivos y los medios de la misión. Si se quiere permanecer otros tres años más, quizá sea indispensable reforzar el destacamento con más y mejor material. Esto, por supuesto, tiene un coste que quizá España no esté en condiciones de afrontar. En ese caso, es el calendario del repliegue el que habría que modificar, trabajando una alternativa diplomática que permita a España liberarse del cepo en el que quedó atrapada en el 2005.