«Tomaré las decisiones que España necesita aunque sean difíciles. Voy a seguir ese camino cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste». La frase que Zapatero pronunció en el debate de la nación del año pasado demuestra que el presidente preveía ya el enorme desgaste que iba a sufrir en el final de la legislatura por las duras medidas de ajuste que la crisis y los mercados le iban a obligar a tomar.
Pero, aunque en ese momento solo él disponía de las claves, el presidente anticipó también alguno de los problemas que iba a acarrear su decisión de no presentarse como candidato. «Si hubiera contradicción entre los intereses del PSOE y lo que necesita España, yo optaré por lo que necesita España», dijo entonces.
Giro en la política económica
El debate del 2010 fue el que marcó el punto de inflexión entre un Zapatero que todavía en el del 2009 negaba la crisis y aseguraba que nunca acometería recortes sociales y el que, tras ser zarandeado por los mercados, se presentaba habiendo puesto en marcha un programa de recortes sin precedentes en la democracia. Justificó entonces la congelación de las pensiones para no tener que reducirlas en el futuro, y la reducción de los salarios públicos «para no recortar prestaciones sociales a otros ciudadanos». Entre las reformas en las que propuso profundizar y para las que pidió el apoyo expreso de los grupos estuvieron la del mercado laboral y la del sistema de pensiones. Y se comprometió a afrontar ambas con el máximo consenso.
En lo que afecta a las pensiones, el Gobierno logró finalmente un pacto con los sindicatos que supuso retrasar la edad de jubilación, endurecer el acceso a la prestación máxima y recortar la renta media de los futuros jubilados. Pero no tuvo tanto éxito en su llamada al acuerdo en el Congreso, en donde ayer mismo se aprobó la reforma de las pensiones con el único apoyo del PSOE y de CiU. Respecto a la reforma del mercado laboral, que justificaba el despido objetivo con 20 días de indemnización si existen pérdidas «actuales o previstas», el único apoyo que consiguió sumar fue el del PNV.
Zapatero hizo entonces también un guiño a CiU y aseguró que estaba dispuesto a recuperar con nuevas leyes los aspectos del Estatuto de Cataluña que fueron anulados por la sentencia del Tribunal Constitucional. Aunque el mensaje estaba destinado al socialista Montilla, entonces presidente de la Generalitat, el Gobierno abordó en efecto poco después esa vía, que mantiene con el convergente Artur Mas.