Un Zapatero terminal no anunciará más recortes y un previsible Rajoy exigirá elecciones
27 jun 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Nunca un debate sobre el estado de la nación había generado tan pocas expectativas. El de este martes será el último gran cara a cara entre José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy en el Congreso, pero nadie, ni siquiera sus más allegados, muestra la más mínima emoción. El presidente del Gobierno se niega a imprimir un toque nostálgico a su discurso, tampoco quiere esta vez sacar conejos de la chistera, sobre todo porque las arcas del Estado no están para ocurrencias; el suyo será, según fuentes gubernamentales, un discurso ya oído: «reformas, reformas, reformas».
Lejos quedan los tiempos en los que Zapatero se reunía durante varios días con sus asesores para preparar una intervención impactante. Hasta este sábado, el jefe del Ejecutivo no se sentó a perfilar el texto que leerá desde la tribuna de oradores, pero lo que pretende decir no dista mucho de lo que ya apuntó este mismo viernes en Bruselas tras la reunión del Consejo Europeo sobre el futuro de Grecia y el euro. Quiere tiempo para rematar iniciativas en marcha -la reforma del sistema financiero, el retraso de la edad de jubilación, la reforma laboral-, para aprobar los Presupuestos y para abandonar la Moncloa con la sensación de que ha hecho todo lo que estaba en su mano para evitar que España engrose la lista de los países intervenidos.
Todo tiene un límite
Pero todo tiene un límite. Zapatero, que no quiso hace un año buscar paliativos a la dureza de los sacrificios exigidos a la sociedad, no está dispuesto ahora a lastrar ya más las posibilidades de su partido y de Alfredo Pérez Rubalcaba en las generales. Así que también queda descartado el anuncio de nuevos recortes. Desde la UE se ha pedido a España una rebaja de las cotizaciones sociales y otra subida del IVA. La respuesta del Ejecutivo es no. A cambio, tiene intención de incidir en medidas liberalizadoras como la apertura de horarios comerciales.
Su balance pivotará sobre un argumento: actuar entre la desconfianza «excesiva» de los mercados, el descontento de los ciudadanos y una oposición poco comprometida. Nada nuevo.
También en el PP se espera a un Mariano Rajoy «más previsible que nunca». El líder de los populares trufará un detallado análisis de la «situación real» de la economía española con el mismo mensaje que lanzó hace justo un año: la necesidad de adelantar las elecciones generales. Intentará hacer ver a Zapatero, pero también a los que lo critican fuera de España por no apoyar las reformas y los planes de ajuste del Ejecutivo socialista, que el presidente ha «fracasado» en todas las medidas que ha adoptado para intentar remontar la actual coyuntura y propiciar la creación de empleo.
De hecho, recordará que desde el pasado debate hasta mayo de este año se han destruido 281.000 puestos de trabajo más y que ninguna de las reformas puestas en marchas han dado resultado, en especial la laboral. Por eso, el líder de la oposición hará hincapié en su discurso en la necesidad de adelantar los comicios, previstos para marzo del 2012.