Pese a la ventaja que los sondeos dan al PP, los nervios afloran en ambos bandos
17 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Hay nervios descontrolados como no se habían visto desde 1996, cuando Aznar logró, a la tercera, vencer, por escaso margen, a Felipe González. ¡Y eso que el 22-M no está en juego la presidencia del Gobierno! Por más que resulte clave controlar 13 comunidades, más 8.000 ayuntamientos, diputaciones, juntas vascas y cabildos insulares, la campaña se libra ya como si fuera el fin del mundo. Nadie diría a la vista de la ferocidad de los tertulianos ultraconservadores que el PP aventaja de largo en las encuestas al PSOE.
Hay nervios porque el PSOE teme una debacle y al PP lo asusta un triunfo demasiado ajustado que desinfle la teoría de que lo mejor es convocar ya elecciones a Cortes y no esperar a marzo. Hay tensión porque bastantes alcaldes socialistas con buena gestión temen perder por el impacto de las reformas que emprendió el Gobierno y algunas otras ocurrencias. «Pensábamos que con el anuncio de retirada de Zapatero, la situación mejoraría, pero resultó menos importante de lo que esperábamos», admite Alejandro Soler, alcalde de Elche, tercera ciudad de la Comunidad Valenciana y único bastión de poder socialista en aquel territorio. Hay inquietud porque algunos candidatos populares temen no ganar. «Si no gano ahora, o no subo, con viento a favor, perderé puntos ante Génova», admite en privado un candidato a alcalde con aspiraciones de futuro confesadas.
Canales de televisión
Hay desmesura en barones regionales del PP que quieren amarrar un triunfo arrollador: el riojano Pedro Sanz cerró el Parlamento antes de tiempo. Camps quiere clausurar televisiones locales discrepantes y mandó a su segundo, Antonio Clemente, a denunciar a cuatro canales nacionales por informar de que en sus listas había implicados en casos de corrupción. Con criterio, Génova lo hizo rectificar. Se informaba de nombres que estaban en documentos judiciales y listas. No es opinión. Son datos objetivos.
Rajoy pidió que «acaben ya las frivolidades del Gobierno, la última en China». Es loable esa petición, pero lo desautoriza el festival que le montan en su partido. Mientras Camps esté en el escenario, Rajoy carecerá de autoridad moral para pedir el cese de la frivolidad ajena, que «haberla, haila», desde luego.
Rubalcaba contraataca entretanto. Objeto de un intento de demolición política que recuerda al de González antes de las elecciones del 96, Rubalcaba ahora se apoya en un documento de la Moncloa: El PP quería que España estuviera como hoy está Portugal, pero Zapatero ha conseguido que no sea así. Ya empezó el miércoles en el Congreso, y, visto el drama luso, puede calar, al menos en los sectores que exigen a los conservadores más responsabilidad en su política de oposición, especialmente en materias económica y antiterrorista. Todos los discursos conducen al 17 de mayo del 2010. Si en el Congreso un solo diputado se hubiera equivocado al votar, España habría podido ser intervenida como ahora Portugal. Duran i Lleida y sus diputados (alguno independentista) demostraron ese día más sentido de Estado que otros de los que cabía esperarlo. Así lo recuerda Duran, con lo que reforzará el discurso de Rubalcaba. Van todos a por todas.