Afirma que en las sedes socialistas se brindó con champán tras saberse que su rival sería Isabel Pérez-Espinosa
06 ene 2011 . Actualizado a las 02:00 h.Está herido y ni mucho menos dispuesto a callar. Así lo demostró ayer en una atareada mañana de comparecencias en los medios de comunicación. Haciendo gala de su fama de político duro, correoso y de lengua viperina -que le valió el apelativo de dóberman de la derecha-, Francisco Álvarez Cascos puso en su punto de mira a Mariano Rajoy. No le perdona que lo vetara como candidato del PP a la presidencia de Asturias, y por ello le lanzó una batería de críticas destinada a dejar en evidencia «su falta de peso político». Aunque pueden no ser más que un anticipo de lo que le espera a su ya antiguo partido si decide presentarse a las elecciones bajo una iniciativa independiente, algo que no quiso aclarar ayer.
En primer lugar, cuestionó la táctica que está empleando para tratar de llegar a la Moncloa. «Las victorias no se resuelven sentado en un sillón esperando que el tsunami de votos lleve al éxito», advirtió, aunque también admitió que Rajoy lo tiene todo a su favor. «Los partidos, para ganarlos, hay que jugarlos», recalcó. Golpeaba así en uno de los supuestos flancos débiles del líder del PP, su falta de iniciativa política al fiarlo todo al hundimiento de Zapatero.
Pero no fue su único dardo envenenado, sino que sacó a relucir a Aznar, que había respaldado su candidatura y con el que dijo no ha hablado ni antes ni después de tomar la decisión de abandonar el PP, y lo comparó con Rajoy. Aseguró que el ex presidente del Gobierno «siempre facilitó al máximo el debate en el seno del partido y jamás toleró una desconsideración con nadie y menos con un militante». Dicho de otra forma: Rajoy no permite el debate interno y tolera los insultos, ya que impuso a Isabel Pérez-Espinosa como cabeza de cartel sin escucharlo y permitió que lo atacaran sin hacer nada. Ayer insistió en que la falta de amparo de la dirección nacional fue la causa de que se diera de baja en el PP tras 34 años de militancia.
Cascos también tuvo palabras duras para el PP de Asturias, del que dijo que se ha dejado 14 puntos de espacio electoral en los últimos diez años y tiene perdidas las elecciones de antemano, ya que, «en las actuales circunstancias de falta de funcionamiento y de organización, y de degradación, no se pueden ganar». Además, rechazó que su salida del PP beneficie al PSOE y contraatacó asegurando que en las sedes socialistas se brindó con champán tras saberse que su rival sería Pérez-Espinosa. Acusó también al alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo, de pretender reeditar un supuesto acuerdo político con los socialistas en virtud del cual el PP no aspira a ganar las elecciones autonómicas y, a cambio, el PSOE no le arrebataría el ayuntamiento.
Rectificación
Ni Rajoy ni la secretaria general, María Dolores de Cospedal, se han pronunciado aún sobre el asunto, ni se espera que lo hagan esta semana para no reavivar la polémica. El que sí habló fue Alberto Ruiz-Gallardón, que recomendó a su ya ex compañero de partido que rectifique la decisión adoptada por un «disgusto» y no encabece una formación «contraria a la que ha sido su casa». El aludido respondió que los que tienen que rectificar son los «agresores» y no el «agredido». Y añadió que si el alcalde madrileño, al que calificó como «una de las personas más valiosas» del PP, hubiera estado al frente del comité de derechos y garantías del PP «jamás habría tolerado» lo que ha sucedido con él por la «inacción» de la dirección nacional.