Más que un aviso

ESPAÑA

Decíamos al inicio de la campaña electoral en Cataluña que se avistaba el inicio de un cambio de ciclo político. Los resultados han confirmado el pronóstico con mayor intensidad incluso de la prevista. Así lo ha reconocido Montilla al renunciar al acta de diputado que se había comprometido a mantener. Pero por mucho que en el PSOE se empeñen en decir que las catalanas no son unas primarias de las generales, la votación del domingo destila tal sensación de ensañamiento en el castigo que a Zapatero le va a resultar difícil mirar para otro lado.

Cierto que el hartazgo ante el tripartito explica parte de los resultados. Igual que ocurrió hace año y medio en Galicia, muchos votantes socialistas no reconocen al partido cuando se deja secuestrar por las políticas de sus socios nacionalistas. Se queda entonces en una tierra de nadie que desdibuja su ideario. Y Zapatero, con su postura sobre el Estatuto, no es ajeno a esa responsabilidad.

Pero, además, ha habido un incremento del peso del centro-derecha en el Parlamento catalán (pasa del 47% al 60%) que trasciende a la comunidad, prueba de un desplazamiento social en ese sentido fruto del temor a la crisis económica. Un giro que explica una novedosa ósmosis entre el PSOE y el PP que pone a Zapatero en el disparadero.