La remodelación del Gobierno ha pillado a contrapié al PP, como demostró la conversación captada a Dolores de Cospedal y a Javier Arenas. Han tenido que pasar dos días desde que se conocieron los cambios para que los populares hayan definido la estrategia de contraataque. Y eso que Zapatero se lo ha puesto fácil al echarse en brazos de la vieja guardia socialista, ligada a Felipe González.
Por ahí tiró ayer la secretaria general del PP, que recordó la anterior etapa de Rubalcaba como portavoz del Gobierno para decir que Zapatero ha vuelto «a la España de hace quince años», esto es «la España del paro, del déficit, de la deuda y de las maquinaciones políticas», en alusión a la crisis económica de mediados de los noventa y a las maniobras para afrontar los escándalos derivados de la corrupción y la guerra sucia contra ETA.
La otra línea de ataque de los populares es la de desacreditar la remodelación con el doble argumento de que cambian «los músicos», como dijo Rajoy, pero no el director ni la melodía, esto es las políticas, y, por otra parte, que se trata de una renovación simplemente cosmética con la que Zapatero ha apostado por intentar mejorar su imagen mediante «la propaganda, el márketing y los fuegos de artificio» en lugar de preocuparse por «crear puestos de trabajo, dar de comer o hacer llegar a las familias a final de mes».
En sentido contrario se manifestó el portavoz parlamentario de CiU, Josep Antoni Duran i Lleida, quien en su artículo semanal de su blog alaba los cambios, con los que Zapatero demuestra que «tiene más vidas que un gato», ya que, además de neutralizar el debate sobre su sucesión, que se había extendido en las últimas semanas, «ha sabido mover ficha con habilidad y con oportunidad». Contra los intentos de los populares de ningunear los cambios, Duran les advierte que Zapatero «ha situado las piezas de artillería para ir bombardeando la fortaleza del PP, y el PP debería tenerlo presente, ya que el PSOE ha vuelto a entrar en el partido».
En todo caso, los populares han aprovechado que Zapatero se ha echado en los brazos de Rubalcaba para colocar a este en el centro de su diana. Si De Cospedal recurrió a su pasado al lado de Felipe González en su peor etapa, Esteban González Pons tiró de la acumulación de funciones para exigir la inmediata dimisión de Rubalcaba como portavoz o como ministro del Interior, ya que en una democracia, dijo, «el jefe de la policía» no debe ser nunca quien se relacione con los periodistas, para evitar las coacciones.