Interior controló a la nueva Ekin desde que ETA la constituyó

Melchor Saiz-Pardo MADRID/COLPISA.

ESPAÑA

La banda terrorista se vio obligada a recurrir a activistas muy quemados por carecer de alternativas

16 sep 2010 . Actualizado a las 10:22 h.

La nueva Ekin, la columna vertebral de la izquierda aberzale, como gustaban llamarse, nació en realidad muerta. Entre los invitados de excepción del alumbramiento en el invierno del 2009 del refundado aparato político de ETA estuvieron desde el principio agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y de la Jefatura de Información de la Guardia Civil. Los mismos que el martes desarticularon la nueva cúpula política con la detención de sus nueve dirigentes, a los que habían seguido durante meses a cerca de 50 reuniones en bares, cafeterías, bibliotecas, asociaciones juveniles, etcétera.

Y es que la nueva estrategia secreta de ETA para recuperar el control del mundo radical independentista era todo menos secreta. Según desvelaron ayer mandos de la lucha antiterrorista, la banda se vio abocada a recurrir a sus activistas más quemados (fichados con largo historial delictivo) ante la imposibilidad de contar con otros militantes de confianza que estuvieran en libertad.

El detonante de esa arriesgada decisión fue la desarticulación de Bateragune. La plataforma auspiciada por Arnaldo Otegi y Rafael Díez Usabiaga, desmantelada en octubre del 2009 a manos de la policía y del juez Baltasar Garzón, no tenía el visto bueno de los más duros de la banda terrorista y, tras la caída en desgracia del proyecto de los posibilistas de la izquierda aberzale para volver a las instituciones, ETA vio la oportunidad de recuperar el control total de ese mundo, aunque para ello tuviera que poner en la picota a sus activistas más fichados.

Los elegidos para liderar la nueva Ekin fueron, en principio, cuatro: Ugaitz Elizarán, Erika Bilbao, Rosa Iriarte y Egoitz Garmendia. Los cuatro, antes incluso de dar su sí al nuevo proyecto de ETA a finales del año pasado ya eran seguidos muy de cerca por los servicios de información.

La designación de Elizarán para coordinar Ekin en Guipúzcoa se desveló con un error de bulto. Este activista, que ya había sido condenado a tres años de cárcel por dirigir Segi, estaba especialmente en el punto de mira de las fuerzas de seguridad en los días que decidió embarcarse en el proyecto, ya que solo unas semanas antes, el 19 de octubre, su hermano Aitor, entonces jefe político de ETA, había sido detenido en Francia.