«Voy a seguir ese camino cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste». Con estas palabras, Zapatero se comprometió en el debate del estado de la nación a profundizar en las reformas estructurales y el duro ajuste de la economía. Su firmeza le ha durado menos de un mes. Ayer anunció la reconsideración del recorte en las obras públicas, antes incluso de haberlo concretado públicamente. Es la enésima rectificación en la política económica del Gobierno en lo que va de legislatura. El más flagrante ha sido el recorte de derechos sociales, a pesar de que en abril del 2009 había asegurado que «en mi Gobierno la crisis no se va a convertir en la ocasión para recortar derechos sociales». Cuando lo hizo, en mayo pasado, reconoció que había cambiado de opinión, pero se justificó diciendo que lo había hecho movido «por las circunstancias, no por convicciones».
Pero los cambios de criterio han sido una constante en su Gabinete. En un informe enviado a la Comisión Europea el pasado enero planteaba el retraso en la edad de jubilación y el endurecimiento en el cálculo de las pensiones. Unas horas tardó la ministra Elena Salgado en rectificar. En febrero, ella misma aseguraba que no se iban a tocar «los salarios de los funcionarios». Lo que sí hizo en mayo. Para compensar, el ministro de Fomento anunció una subida de impuestos para los más ricos, del que nunca más se ha sabido. O la rectificación del BOE para aplazar y limitar al próximo año la prohibición inmediata de la capacidad de endeudamiento de los ayuntamientos.